El arte de brindar con elegancia: una copa para cada tipo de champagne

  • Pantalla completa
Por los buenos tiempos
1 de 13
Comparte la fotografía
Por los buenos tiempos

Los caballeros visten de rigurosa etiqueta. La dama luce un elegante traje de noche. Ella acepta el ademán supremo de la pleitesía propia de nuestros tiempos: alzan la copa ellos, y la dama acepta esa felicitación que ya no sabemos ni queremos ritualizar si no alzamos una copa de champagne o, alternativamente, una de cava. En la imagen ella es la entonces divina Greta Garbo, que interpreta aquí el papel de Yvonne en “Inspiración”, de Clarence Brown (1930).
Manhattan, New York City, 1 de enero de 1934.

La tentación inteligente
2 de 13
Comparte la fotografía
La tentación inteligente No parecía sencillo que se cruzaran sus trayectorias profesionales, pero lo cierto es que Jean-Luc Godard dirigió a Brigitte Bardot en “Le Mépris” (1963). El cineasta suizo se lanzó en esta obra, de forma más evidente que en sus dos primeras películas, a una carrera subrayada por el experimentalismo sin concesiones. Bardot estaba en la plenitud de su belleza, y contribuye a dotar la película de una notable potencia erótica. Ella era la estrella y la prensa gráfica quiso captar el momento en el que brindaba con champagne por el éxito del film.
París, 1963. Brigitte Bardot en una conferencia de prensa.
A todas horas
3 de 13
Comparte la fotografía
A todas horasTodo empieza cuando él y ella deciden volver a encontrarse en la barra de un bar cuando ya ha concluido la jornada laboral (“After Office Hours”, el film de Robert Z. Leonard, 1942, que unió a Constance Bennett con Clark Gable). Piden champagne, se miran a los ojos, alzan las copas y, cuando se lo han dicho ya todo de pupila a pupila, completan la ceremonia cruzando la mano que sostiene la copa y beben un sorbo que abre paso a un beso que anuncia otros besos.
Clark Gable y Constance Bennett en 1934.
Deseos reales
4 de 13
Comparte la fotografía
Deseos reales Todavía son novios, y se encuentran en Manhattan. El 6 de enero de 1956, el príncipe Raniero de Mónaco y la actriz de Hollywood Grace Kelly hacen realidad una historia de amor para la entonces todavía inocente prensa del corazón. En el baile de gala organizado en honor del príncipe europeo, los novios brindan por su mutua felicidad. No hay todavía sombra alguna del destino que al cabo de muchos años torcerá el desarrollo de uno de los cuentos más celebrados del siglo XX.
1956. Rainiero y Grace Kelly en Nueva York.
¡Por tí, francés!
5 de 13
Comparte la fotografía
¡Por tí, francés!Existe una forma de aplauso en el que las manos no chocan entre sí. Mientras una de ellas descansa, la otra alza una copa llena de oro transparente y burbujeante hacia la persona a la que deseamos felicitar para compartir con ese ser que acaba de brillar la emoción del triunfo, para hacer que tintineen los cristales de forma que canten nuestro alborozo. Así lo hizo el público ante Frances Langford en Manhattan, Nueva York, 1934, tras una actuación de la cantante en el Petit Palais. Frances Langford tras una actuación. Nueva York, 1934.
Liz, Richard y Oscar
6 de 13
Comparte la fotografía
Liz, Richard y OscarPara los actores no hay mejor ocasión para un brindis que el día en que obtienen el premio de los premios a su trabajo, el Oscar de la Academia de Hollywood. Richard Burton, que también hacía un magnífico papel en “¿Quién teme a Virginia Woolf?”, brinda aquí con Elizabeth Taylor, a la que habían otorgado el Oscar por su interpretación protagonista en la película de Mike Nichols. No se encuentran en el famoso barrio de Los Angeles, sino en Niza, presentando el estreno de aquella gran película.
Hollywood, 1966.
Dale otro trago, Paul
7 de 13
Comparte la fotografía
Dale otro trago, PaulEn Venecia, transcurre el año 1963. Paul Newman se ha puesto smoking y pajarita para esta fiesta en la que, por supuesto, se han descorchado botellas de champagne para hacer bien patente la celebración. Como en este caso, el motivo se ha perdido en el olvido, pero Newman y sus anónimos acompañantes cumplen con la gestualidad apropiada para el momento del brindis: la copa en alto, el rostro sonriente, los cuerpos relajados. Si es fiesta, hay buenos motivos para brindar.
Venecia 1963.
Arte sobre arte
8 de 13
Comparte la fotografía
Arte sobre arteSe puede brindar con copa ancha y también hacerlo con copa estrecha, pero el champagne es, internacionalmente, parte esencial del rito. Como saben los expertos en publicidad, las burbujas explican en parte el misterio, aunque también lo hace el color dorado del líquido. En esta fiesta donde se presentaba un libro, Paloma Picasso y su marido Rafael Sánchez López añaden un elemento que resulta también esencial: la sonrisa anchísima, el gesto feliz de sus rostros, antes incluso de tomar el primer sorbo de su copa.
Paloma Picasso y su esposo, el escritor Rafael Sánchez López.
Brindiamo, brindiamo
9 de 13
Comparte la fotografía
Brindiamo, brindiamoUn triunfo más en la carrera extraordinaria de Maria Callas (junio de 1957). Esta vez la había dirigido Luchino Visconti en una puesta en escena de “Ifigenia en Táuride”, la más bella de todas las óperas compuestas por Gluck. El director del coro del teatro de La Scala de Milan, Norberto Mola, brinda con Maria para felicitarla por su interpretación de la inocente Ifigenia. Su padre, Agamenón, ha sido asesinado por su esposa Clitemnestra, que a su vez será víctima de su hijo Orestes. En el último acto de la ópera, que sigue la tragedia de Eurípides, Ifigenia debe cumplir la orden de matar a Orestes, sin aún saber que es su hermano. 
La soprano Maria Callas en la Scala de Milán, en 1957.
Las mejores copas
10 de 13
Comparte la fotografía
Las mejores copas 1. Orrefors Karl Lagerfeld
2. Baccarat Arcade  
3. Kosta Boda Two of Us
4. WMF Bouquet
Las mejores copas
11 de 13
Comparte la fotografía
Las mejores copas 1. Anastassiades Simple
2. Atlantis Cello
3. Baccarat Dom Pérignon
4. Atlantis Fantasy
Las mejores copas
12 de 13
Comparte la fotografía
Las mejores copas 1. Anastassiades Abierta
2. Baccarat Harcourt
3. Orrefors Amor vincit omnia
4. Orrefors Karl Lagerfeld

Decía Charles Dickens que el champagne es uno de los extras elegantes de la vida. Y más elegante será aun si se elige para beberlo la copa no solamente bella sino adecuada. Sobre esto último hay muchas teorías. Más allá de que las copas deban ser de cristal muy fino y transparente, su forma es motivo de especulación entre expertos y curiosos.

[Lea aquí: 10 consejos para beber champagne]

Los hay defensores (la mayoría) de la copa tulipán o la aflautada, ambas altas con el pie no demasiado largo y cuya mayor bondad reside en que tienen una boca estrecha y un cuerpo alargado, propiciando que las burbujas típicas de este oro líquido no se pierdan rápidamente y asciendan por ella visiblemente, despacio y vibrantes. El otro modelo es la copa abierta o 'champanera', que parece estar cayendo en desuso debido a que el gas se escapa rápidamente, el líquido se calienta un poco y su amplia boca no deja apreciar los aromas del vino. Sin embargo, esta copa es una sorprendente fuente de sorpresas en cuanto a leyendas se trata.

Según diversas opiniones, el diseño de la copa, ancho y poco profundo, ha sido tomado de la silueta del pecho de Helena de Troya, Diana de Poitiers, María Antonieta o de Madame de Pompadour. Ninguna de estas leyendas tiene más visos de realidad que de pura ficción, pero sí hablan de un interés del sexo masculino por beber de copas que sean réplica de los senos de sus amadas, una especie de acto simbólico de disfrute y entrega que en todo caso nos ha trasladado una tradición amable para disfrutar de momentos en que se disfruta de licencia para el placer.  

Selección y descripción de fotos: Enrique Murillo

Gourmet
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios