Restaurantes italianos de España: dónde disfrutar de la mejor pasta

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La Tavernetta
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La Tavernetta

Marino fue el artífice de la desaparecida Taverna Siciliana, y continúa siendo socio, junto al cocinero sardo Angelo Loi, de su versión casual, La Tavernetta, otro valor seguro para disfrutar de las cocinas de la Italia insular.
Orellana, 17. Madrid. Tel.: 91 319 23 90.

Bacaro
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Bacaro

De inspiración marinera y también veneciana, este templo está situado junto a la entrada trasera del popular Mercado de la Boquería.
Jerusalem, 6. Barcelona. Tel.: 695 796 066.

Casa Marco
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Casa Marco

Un lugar donde Marco di Tulio se luce cocinando platos de sabor contrastado, como los penne arrabiate, con guindilla, speck y cebolletas pugnando en términos de sabor.
Gaztambide, 8. Madrid. Tel.: 91 543 20 69.

Galileo
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Galileo

No se puede cerrar este periplo por la Italia ibérica sin mencionar Galileo, en Ourense, donde el chef Flavio Morganti aporta al producto gallego sutiles acentos que delatan su origen lombardo. Auténtica fusión.
Santa Baia-Pereiro de Agular. Ourense. Tel.: 988 380 425.

Mercato Ballaró
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Mercato Ballaró

El Mercato Ballaró (en la imagen, un detalle de sus mesas) da lustre a los sabores más meridionales, con el foco puesto en el recetario siciliano. No osbtante, su chef y propietario, Angelo Marino, propone también brillantes versiones de platos de otras regiones –como los benditos spaghetti carbonara con cabezas de espárragos–, e incluso recetas de propia impronta como el sorprendente ceviche mediterráneo.
Santa Engracia, 24. Madrid. Tel.: 91 310 16 18.

Xemei
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Xemei

Xemei conjuga un ambiente deliberadamente tabernario con las recetas venecianas de los gemelos (xemei, en italiano) Stefano y Max Colombo, protagonizadas por los productos de temporada.
Pg. de l’Exposició, 85. Barcelona. Tel.: 93 553 51 40.

Aunque la UNESCO aún no se ha decidido a declarar a la gastronomía italiana Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, los paladares sensibles saben bien que las cocinas de Italia son un auténtico tesoro. La pluralización se impone porque la gastronomía de aquel país no es una sola: desde la contundente poenta e osei (polenta con pajaritos), que reconforta a los pastores del Véneto, hasta el cus cus que hermana a los pescadores del sur de Sicilia con sus vecinos magrebíes, ofrece una cocina distinta no solo en cada región, sino en cada aldea, cada barrio, cada casa...

Sin embargo, esta diversidad apenas se tiene en cuenta cuando se habla de cocina italiana fuera de sus fronteras. En términos gastronómicos, es una marca que vale para lo mejor y para lo peor. Para seducir a gourmets con etéreas burratas, mortadelas tartufatas y un estratosférico tinto de Barolo. Y también para engatusar a las masas con pizzas industriales, vulgares espaguetis y criminales lambruscos.

Mal que nos pese, la cocina italiana ha pagado su difusión por el ancho mundo con una banalización extrema, que le ha acercado peligrosamente al fast food, pero ni siquiera esta calamidad consigue restar atractivo a sus cocinas, que en España tienen también una honrosa representación.

Gourmet
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