Más allá del gin-tonic. Tres siglos de ginebra en diez botellas históricas

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Old Tom (1870)
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Old Tom (1870)

En su etiqueta, el clásico símbolo de esta variedad. 

Blankenheym & Nolet Hollands (1890)
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Blankenheym & Nolet Hollands (1890)El mercado anglosajón adoptó la forma geneva para designar la Jenever.
Freebooter (1895)
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Freebooter (1895)Gozó de gran popularidad a principios del siglo XX.
Buchu (1900)
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Buchu (1900)Esta ginebra era la versión envasada de un antiguo remedio casero.
Ginebra de espárrago FAGCO (1900)
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Ginebra de espárrago FAGCO (1900)Considerada en la época una ginebra medicinal.
Gordon’s Special Dry London Gin (1909-1923)
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Gordon’s Special Dry London Gin (1909-1923)Casi tres siglos después, su receta aún se mantiene en secreto.
Jenever Old Schiedam
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Jenever Old SchiedamSolo disponible en el Jenevermuseum de Schiedam, Holanda. 
Ginebra Aviation
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Ginebra AviationElaborada en el noroeste de Estados Unidos y definida como New Western Dry Gin.
Leopold American Small Batch
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Leopold American Small BatchUna de las nuevas ginebras artesanales.
​Ginebra seca Gordon & Co.’s
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​Ginebra seca Gordon & Co.’sElaborada en Estados Unidos con licencia de la empresa británica.

El primer uso de la palabra gin documentado en inglés se remonta a La fábula de las abejas o vicios privados, beneficios públicos (1714), de Bernard Mandeville. “Nada más destructivo para la salud, el discernimiento o la industria de los pobres que ese infame licor cuyo nombre deriva en holandés de las bayas de enebro y que es ahora, por el uso frecuente y el lacónico espíritu de nuestra nación, conocido como gin, una palabra de tamaño medio abreviada a monosílabo. Es la embriagante ginebra que seduce a los holgazanes, a los desesperados y a los locos de ambos sexos: un ardiente lago que prende el cerebro, quema las entrañas y nos abrasa por dentro; un leteo del olvido donde los desgraciados ahogan sus más lacerantes penas". 

[Lea aquí: Consejos para elaborar un buen gin-tonic]

El licor tóxico que Mandeville describe tan apasionadamente estuvo a punto de devastar Londres durante la denominada Locura de la Ginebra a principios del siglo XVIII. Sorprendentemente, esa ginebra asesina acabará siendo la bebida clásica que todos conocemos. Quienes disfrutan de esta bebida no suelen probar otras. Quienes prefieren otros venenos no dejan pasar la ocasión de menospreciar sus supuestos atractivos: como dijo cierto borrachín con ínfulas poéticas, “la ginebra sabe igual a como huelen los árboles de Navidad”. 

Efectivamente, el aroma a pino de la ginebra es, en cierto modo, causa tanto de su prestigio como de su inevitable condena. El enebro, ingrediente clave en la composición de la ginebra, se ha utilizado desde antiguo con fines medicinales. De hecho, sus propiedades curativas eran tan reconocidas que la transición desde saludable tónico a licor terapéutico se dio con absoluta naturalidad por poco sentido que tuviera. Sea su empleo médico o recreativo, la ginebra se caracteriza por un singular aroma a bayas de enebro (que se llaman nebrinas y, en realidad, no son bayas, sino gálbulas). 

[Lea aquí: Martin Miller’s, una ginebra milagrosa]

Al margen de la variedad que uno elija, la ginebra requiere un paladar abierto a los sabores, no un cuerpo que persiga la embriaguez automática. Es un licor cuya tortuosa evolución discurre pareja con la historia de la humanidad, tanto en lo más bajo como en lo más elevado. Navegando sobre el proceloso mar de los aguardientes, la ginebra es hija de una alquimia magistral capaz de transformar dos humildísimos elementos naturales (el grano y el enebro) en un delicioso elixir de complejidad infinita.

Gourmet
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