Los mejores restaurantes para disfrutar de la costa española

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Alevante
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Alevante

Alevante, en el hotel Meliá Sancti Petri, funciona como exquisita embajada de la cocina del chef más talentoso de Cádiz: Ángel León. Con la dirección de este y un equipo fogueado en la cocina y sala de su consagrado Aponiente, Alevante ofrece un menú degustación que revisa los platos más emblemáticos que ha firmado el llamado chef de mar, en versiones que a veces superan incluso el modelo original. Es el caso del risotto con plancton, que en Sancti Petri se sirve reemplazando el arroz por quinoa. 

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Puntillita, uno de los platos históricos del ‘chef de mar’, en su nueva presentación.

Elkano
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Elkano

El restaurante fundado por Pedro Arregi en Getaria en 1964 hoy lo dirige su hijo Aitor. Aunque su actual responsable se empecine en repetir que esta casa “no es más que un asador”, Elkano es mucho más: es la referencia del mejor pescado a la brasa, un puente entre la tradición, el culto al producto y la innovación. Aquel que albergue dudas que se acerque a Getaria y se enfrente al mejor rodaballo que pueda imaginar.

El Portal Taberna & Wine
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El Portal Taberna & Wine

Subiendo por el litoral mediterráneo, las primeras escalas obligadas están en Alicante. En la misma capital, conviene detenerse en El Portal Taberna & Wine, suerte de wine-bar-deluxe pergeñado por Carlos Bosch, empresario hostelero de paladar fino. En su lustrosa barra se pueden degustar hasta ¡80! vinos por copa, y en las mesas abundan las ostras, el atún de almadraba y –por supuesto– las sacrosantas gambas rojas de Denia. Los champanófilos irredentos deben saber, también, que esta casa tiene la venia de la maison Krug como ambassade oficial de sus benditas burbujas.

El Portal Taberna & Wine
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El Portal Taberna & Wine

Comedor de El Portal Taberna & Wine, en Alicante.

Candlelight
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Candlelight

Si se salta hasta la Costa Brava, en el nobilísimo Hostal La Gavina de S’Agaró, la oportunidad de deleite foodie lo brinda el restaurante Candlelight, que dirige a distancia el francés Romain Fornell, aunando clasicismo y acentos de autor: bouillabaisse de pescado de roca bajo velo de estragón y emulsión de rouille; san pedro con guisantes lágrima y beurre blanc al caviar de arenque...

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Candlelight

Si se salta hasta la Costa Brava, en el nobilísimo Hostal La Gavina de S’Agaró, la oportunidad de deleite foodie lo brinda el restaurante Candlelight, que dirige a distancia el francés Romain Fornell, aunando clasicismo y acentos de autor: bouillabaisse de pescado de roca bajo velo de estragón y emulsión de rouille; san pedro con guisantes lágrima y beurre blanc al caviar de arenque...

Culler de Pau
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Culler de Pau

Dando la vuelta a la estaca de Bares, frontera natural entre el mar Cantábrico y el océano Atlántico, driblando Finisterre y adentrándose en las rías gallegas, la brújula gourmet orienta hacia el paraíso marisquero por excelencia: O Grove, a la entrada de la Ría de Arousa, donde las bateas de mejillones, ostras y demás bivalvos forman parte del paisaje. En esta preciosa villa hay más de un lugar para recomendar a los devoradores de navajas, zamburiñas y berberechos, pero quizás uno solo donde la obsesión por el mejor producto convive con la ambición culinaria: Culler de Pau. El mérito es del chef Javier Olleros, que traza pinceladas magistralmente sutiles para aportar equilibrio y profundidad a sus platos e ir más allá de la riqueza de la materia prima.

Culler de Pau
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Culler de Pau

Detalle de la sala de Culler de Pau, en O Grove (Pontevedra).

Güeyu Mar
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Güeyu Mar

Quien prefiera vacacionar en el norte de la península también tiene buenas alternativas para abordar los sabores del mar con plenitud y emoción. En Asturias, el lugar soñado es Güeyu Mar, que se erige en la misma arena de la playa de Vega (Ribadesella). Allí ejerce Abel Álvarez, a quien no pocos señalan como el mejor experto de pescados a la parrilla: doradas, lenguados, meros, salmonetes y, sobre todo, reyes, la gran especialidad de la casa. “Solo trabajo pescados grandes, los pequeños no me sirven”, se excusa el brujo de las brasas asturianas, tal como lo calificó nuestro colega –y sin embargo amigo– José Carlos Capel.

Kabuki
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Kabuki

Abandonando la península, en Canarias la cita con la mejor cocina de costa está en Tenerife, en las instalaciones del hotel Abama, donde funciona la sucursal isleña del madrileño Kabuki, que allí supera su condición de restaurante nipón para convertirse en un valedor de la riqueza pesquera de las siete islas: alfonsiño con caldo de ajos y cítricos, sopa de cochino negro y morena... Fusión japo-canaria hasta donde llegue la imaginación.

Sancti Petri
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Sancti Petri

Quien en su huida del asfalto caliente ponga rumbo al sur y dé con sus huesos en la costa gaditana, no debería dejar de conocer dos restaurantes notables, y vecinos entre sí, que iluminan cual faros la oferta gastronómica de la urbanización hotelera de Sancti Petri (Chiclana de la Frontera). Ambos celebran este verano su segunda temporada, con argumentos bien distintos. Si Cataria, en el hotel Iberostar Andalucía Playa, vertebra su discurso a partir del paisaje culinario del entorno (en la línea de su casa madre, Elkano, sito en la otra punta de España: Getaria), atendiendo casi exclusivamente a la pesca del día y con el arte parrillero como medio para dar lustre a acedías, urtas, besugos..., Alevante –en el hotel Meliá Sancti Petri– funciona como exquisita embajada de la cocina del chef más talentoso de Cádiz: Ángel León. Con la dirección de este y un equipo fogueado en la cocina y sala de su consagrado Aponiente, Alevante ofrece un menú degustación que revisa los platos más emblemáticos que ha firmado el llamado chef de mar, en versiones que a veces superan incluso el modelo original. Es el caso del risotto con plancton, que en Sancti Petri se sirve reemplazando el arroz por quinoa.

Audrey’s
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Audrey’s

No muy lejos, en Calpe, el chef Rafa Soler saca buen partido del pescado de las lonjas vecinas para dibujar en el menú de Audrey’s un delicioso laberinto de sabores yodados y salinos.

El mar no solo se contempla, ni se disfruta únicamente chapoteando en sus aguas. También se huele y paladea, sin que para ello sea necesario bebérselo a sorbos. Para comerse el mar hay en las costas establecimientos de toda suerte y calaña. Chiringuitos sencillos y entrañables –los menos– donde aún es posible dar cuenta de dignísimos pescaítos, por ejemplo, sin quitarse el bañador y las chanclas.

[Lea aquí: Los 50 mejores restaurantes españoles de 2017]

También proliferan otros con mayores pretensiones –y escaso sentido común, a menudo– que se empeñan en vestir la pesca del día con atuendos forzadamente cosmopolitas, para no perder la ola de las tendencias en boga. ¿Un bao de atún de almadraba? ¿Un ceviche de lo-que-al-chef-le-venga-en-gana? Todo es posible en tiempos de exotismos domesticados.

 

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