Un refugio en la nieve: de taller de artistas a casa familiar de lujo

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Vista de la fachada
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Vista de la fachada

La fachada de la casa es blanca y se confunde con la nieve, una condición casi constante en este pequeño pueblo suizo de Celerina. En contraste, el ventanal del piso superior está trabajado en madera formando chaflán, y es original de la casa. (Fabrizio Cicconi)

La zona de 'living'
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La zona de 'living'

La planta de entrada es un espacio abierto dominado por los contrastes. La 'boiserie' y los techos con vigas vistas contrastan con el suelo de resina de microcemento, una piel de vaca, lámparas de Foscarini y sillas de Paola Navone. (Fabrizio Cicconi)

El comedor con chimenea
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El comedor con chimenea

Salón, comedor y cocina forman un espacio fluido donde discurre la vida familiar. En el comedor, sillas Askia de Paola Navone para Baxter, mesa de hierro fundido y madera, y la chimenea original. Al fondo, la escalera circular, eje principal de la casa. (Fabrizio Cicconi)

Un rincón del salón
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Un rincón del salón

Aquí, los espacios quedan delimitados por las alfombras. En la zona de estar, sofá de lino color terracota, alfombra de lana y un cuadro vedutista del siglo XVIII colgado en la pared de madera oscurecida por el paso del tiempo. (Fabrizio Cicconi)

Juego de contrastes
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Juego de contrastes

La mesa del comedor, con encimera de madera sobre estructura de hierro, preparada para el banquete más cálido y acogedor. Al fondo se ve la zona del salón con juego de lámparas de Foscarini. (Fabrizio Cicconi)

La cocina
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La cocina

La cocina, situada al otro lado de la escalera, pero siempre en la planta de 'living' está presidida por dos grandes lámparas de Le Corbusier. El aire industrial de las banquetas encaja a la perfeccióncon con la pizarra y la madera bruta de vetas oscuras. (Fabrizio Cicconi)

Los caminos de la casa
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Los caminos de la casa

Contratoma de la cocina. Al fondo se puede apreciar la belleza de la escalera de forma helicoidal con estructura de hierro de formas ligeras en contraste con la madera del techo. (Fabrizio Cicconi)

Dormitorio principal
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Dormitorio principal

En el dormitorio principal, bañado de luz, todo es sobriedad y calidez. Delante del balcón que hace chaflán en la fachada, se ha situado una mesa de trabajo. (Fabrizio Cicconi)

Cuarto de baño
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Cuarto de baño

Uno de los elegantes cuartos de baño, donde se demuestra que la sobriedad más estricta puede aportar una nota de elegancia sin estridencias. (Fabrizio Cicconi)

Dormitorio para niños
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Dormitorio para niños

En la imagen, el dormitorio de los chicos, donde unas literas de madera bruta llenan de encanto la habitación. Las mantas de lana rústica, la alfombra y sobre todo la luz tamizada por las cortinas, hacen el resto. (Fabrizio Cicconi)

Piso superior
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Piso superior

En el primer piso están situados los dormitorios y las zonas privadas de la casa. Aquí, el muro que rodea la escalera se ha cubierto con papel pintado que imita un 'check' de efecto envejecido. (Fabrizio Cicconi)

La autora
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La autora

La diseñadora de interiores Francesca Neri Antonello, propietaria de la casa, sentada en la escalera creada con una estructura esencial de hierro con peldaños de cemento. (Fabrizio Cicconi)

En la planta sótano
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En la planta sótano

Aquí se ha creado, para refugiarse del frío, una zona especial concebida como salón de juegos y sala para ver la televisión. Esta zona se halla bajo tierra y, como puede apreciarse, es donde termina la escalera que recorre los tres pisos como un eje central. (Fabrizio Cicconi)

Una casa en la nieve ha de ser un refugio cálido y placentero. Francesca Neri se planteó la reforma de esta casa en el casco antiguo del pueblo suizo de Celerina como un reto personal para crear un hogar acogedor y moderno donde disfrutar de la vida en familia y recibir a los muchos amigos que pasan temporadas allí.

Conservó la preciosa fachada y la chimenea original, pero lejos de convertir esta última en el centro de la casa, creó espacios abiertos donde la vida familiar se desarrolla sin muros ni cortapisas que dividan los espacios. En cambio, transformó por completo la escalera y la sustituyó por una estructura ligera de forma helicoidal, de líneas ligeras y esenciales, que se convirtió en el eje central de la vivienda.

En la planta a pie de calle, se encuentra el living con salón, comedor y cocina, donde los espacios quedan definidos por la disposición de las alfombras de lana y de piel de vaca. Este lugar había sido, a principios del siglo XX, un atelier de artistas, por lo que disfrutaba de enormes ventanales que favorecían la entrada de la luz de modo que se pudieran aprovechar al máximo las horas de trabajo; algo completamente inusual en una casa de montaña, lo que cautivó a Neri cuando visitó el espacio por primera vez.

Su idea central era crear un ambiente sobrio y elegante que jugara con los contrastes. Cubrió paredes y techos con boiseries y vigas vistas, procedentes de un antiguo establo, eligiendo una a una las piezas más bastas e irregulares. Pero la contundencia estética de la madera y las irregularidades de sus vetas se suavizaron con un suelo completamente liso, conseguido con resina de microcemento, que pavimenta toda la vivienda. Buscó tonos cálidos y empolvados que introdujeran el color en contraste con la madera oscura.

El refinado elemento arquitectónico que aporta la escalera se potencia por un bonito verde hierba que decora las paredes del hueco de la escalera a nivel de la planta baja, que se convierte en un papel pintado con estampado check con un sugestivo efecto desgastado a la altura de la primera planta, donde se encuentran los dormitorios y los espacios privados. Aquí la madera, con sus elegantes imperfecciones, vuelve a ser la protagonista, sobre todo en los elementos del mobiliario, desde las camas hasta los armarios.

Para jugar y ver la televisión hay que bajar hasta la planta que se encuentra debajo del living. “La montaña tiene de por sí un punto melancólico, y además el frío invita a estar todos juntos en un mismo espacio. Por esta razón, he buscado una mezcla equilibrada entre elementos de diseño de inspiración urbana, como las lámparas Foscarini del salón o las de Le Corbusier en la cocina, y piezas de la tradición montañesa.

Una combinación que encuentra su equilibrio en el contraste entre antigüedades que conviven en perfecta armonía con las mesas de madera bruta y las superficies de acero”. El secreto de la armonía no consiste en hacer que todo combine, sino en “saber dosificar los colores y los elementos. Los contrastes funcionan cuando no se exagera”, concluye la diseñadora.

Gentlemanía
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