El 'nuevo' minimalismo francés: la revolución de los espacios de lujo

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Joseph Dirand
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Joseph Dirand

Aunque su trabajo ya se conocía en los ambientes más íntimos del interiorismo desde principios de la pasada década, es a través de sus tres propuestas para Artcurial-AD interiores –en la que una selección de interioristas es invitado a crear un espacio- cuando la fama de Joseph Dirand alcanza al gran público de todo el mundo. Desde entonces, sus proyectos se han multiplicado hasta el punto de llegar a disputar a Peter Marino el título de interiorista más demandado por las grandes firmas de moda. Chloé, Alexander Wang, Pucci y Rick Owens han puesto en sus delicados conocimientos de la armonia, la luz, los materiales y el vacio, la responsabilidad de transmitir su imagen de marca.

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Interior del Hotel Distrito Capital de México.

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Tienda de Alexander Wang en Pekín.

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Interior de Villa Malta, una mansión de París.

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Ático en la 5ª Avenida de Nueva York. Todo decorado por Dirand.

Ora-Ïto Marsella
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Ora-Ïto Marsella

Es vástago del creador Pascal Morabito, pero no ejerce de ‘hijo de’. Comenzó su carrera arriesgando, a finales de los años 90, proponiendo objetos para marcas conocidas que nunca le fueron encargados. La fama que ha alcanzado se debe a su fascinante capacidad de hermanar concepto y estética. Suyo es, por ejemplo, el botellín metálico de Heineken que se convirtió en éxito instantaneo en 2001, así como multitud de objetos de diseño industrial que tienen en común un anhelo de elipsis pop. Su primer gran trabajo como interiorista fue la remodelación del restaurante-club Le Cab, en París y, aunque le tientan más los juegos objetuales y de mobiliario, sus proyectos como interiorista van creciendo, como lo hace también la influencia que ejerce su estética en nuestra cultura visual.

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Interior del restaurante Le Club.

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Proyecto para la boutique de la firma Lancaster.

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Habitación del Hotel O en París. La instalación ‘Savvinskaya 23’.

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Emmanuel Picault Domfront
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Emmanuel Picault Domfront

Comenzó a trabajar en Ciudad de México con la decoración de una tienda de antigüedades especializada en objetos del siglo XX en la que se podía encontrar desde mobiliario de Barragán hasta el diseño vernacular y anónimo que tanto le fascina. El nombre del negocio, Chic by Accident, creado junto al también arquitecto galo Ludwig Godefroy, nos da pistas sobre la importancia que tiene el azar en un proceso creativo que ha dado como resultado clubes y restaurantes, pero también los interiores de los hogares de la alta burguesía mexicana. Tras un exilio voluntario en tierras estadounidenses, su primer gran proyecto en la capital francesa ha sido el restaurante Nüba, en la conocida como ‘Cité de la Mode’, que le ha permitido mostrar la intensidad magnética de su particular brutalismo poético, extraño y bello en el Viejo Continente.

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Jules – Speakeasy, un cóctel bar en Ciudad de México.

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En la misma ciudad, el restaurante Reves, en el corazón del distrito de Polanco.

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M.N.ROY, club privado en la capital azteca.

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Casa Chivas – Le Baron, decoración de una impresionante mansión en pleno DF.

Una generación de interioristas franceses comanda la vanguardia del impermeable universo de lo exclusivo y se encarga de imaginar boutiques para las que la palabra lujo resulta vulgar, hoteles en los que poder deslizarse un par de centímetros elevados sobre el mármol más puro, y residencias privadas imposibles que ni siquiera existen en las revistas de decoración especializadas. Pero no se trata de una generación cohesionada. O sí lo es, pero solo a medias.

Si bien las tarjetas de visita de un numeroso grupo de decoradores y arquitectos galos que rondan la cuarentena tienen prioridad cuando hay que arrancar un proyecto en el que sintetizar las nubes y las placas tectónicas, estos apenas comparten códigos y visiones.

Se pueden ver semejanzas transversales e intenciones formales, como las coincidencias estéticas de los tres interioristas cuyos trabajos se presentan en estas páginas: Joseph Dirand, Emmanuel Picault y Ora-Ïto. De sus proyectos podemos extraer la intención, probablemente involuntaria, de atrapar una cierta idea de futuro presente, o de pasado futurista, invocando la capacidad de verbalizar una estética cercana a la ciencia ficción.

No es cierto que este grupo generacional, a cuyo núcleo de referencia podemos añadir los nombres de India Mahdavi, Gilles&Boissier, Pierre Yovanovich, Charles Zana o Jean-Louis Deniot, conformen una generación unívoca, sino más bien poliédrica. Y, por supuesto, tampoco lo es que el interiorismo galo esté de moda ahora, de repente. Cuando a la palabra ‘gusto’ se le colocó el adjetivo ‘buen’ delante, el estilo francés ya estaba allí. Y ya llevaba un buen periodo dominando el mundo.

Gentlemanía
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