¿Cómo debe vestir un gentleman según las mujeres?

  • Pantalla completa
Carmen Pérez-Lanzac, periodista
1 de 9
Comparte la fotografía
Carmen Pérez-Lanzac, periodista

La vida bajo un sombrero. Llevar sombrero es como si un cartel luminoso te apuntara entre la multitud: “Mírame. Estoy aquí. Soy diferente”. Mucho ha llovido entre Humphrey Bogart -con su gabardina, su sonrisa congelada y su sombrero- y Pete Doherty -con sus pitillos, su sonrisa socarrona y su sombrero-. En medio siglo, la prenda ha pasado de símbolo de estatus a distintivo de personalidad. El ex de Kate Moss ha hecho mucho por popularizar los sombreros. H&M y los vendedores ambulantes los ofrecen ahora al alcance de cualquier bolsillo. Pero no todo el mundo se atreve a encajarse uno. Una suerte de filtro natural elimina al grueso de la población por miedo al ridículo. Y es una buena cosa. Nada peor que decepcionar al transeúnte que se fijará en ti entre la masa con una actitud dubitativa. 

Martina Klein, modelo
2 de 9
Comparte la fotografía
Martina Klein, modelo

La corbata. La corbata es y ha sido sinónimo de distinción y clase; por eso, aunque no las use de forma habitual, el hombre elegante y versátil ha de tener varias en su armario y saber elegir las ocasiones para lucirlas y cómo combinarlas. Como profana del protocolo y de la liturgia, lo que más me atrae de ese trozo de tela selecta es su forma de relacionarse con el cuello masculino: el lapso mágico en que toma vida y lo serpentea para obedecer a una fórmula que la convierta en nudo, y cuando finalmente la propia mano, o una ajena, introduce los dedos en el jeroglífico del nudo y lo soluciona a la inversa. 

Silvia Alexandrowitch, periodista
3 de 9
Comparte la fotografía
Silvia Alexandrowitch, periodista

La camisa blanca​. Creo que las camisas no me atraen especialmente porque casi todas las que veo tienen “mancha”, es decir, están viciadas, y no responden a mi idea de un porte ilustrado y sincero, sino a la idea mayoritaria de que lo importante es la eficacia y la utilidad. De modo que las camisas masculinas han pasado de ser una segunda piel a exhibirse como un documento de identidad social, profesional y económico, un manifiesto “contrailustrado”. Dicho esto, llego a la conclusión de que sólo me atraen irresistiblemente las camisas blancas, las únicas que dicen la verdad.

María Eugenia Alberti, periodista
4 de 9
Comparte la fotografía
María Eugenia Alberti, periodista

El traje como tabú​. Si la sociedad no hubiese renunciado a lo que siempre debió ser: un ejercicio de estilo, es decir, si hubiesen sobrevivido los serenos, los mecánicos impecablemente uniformados, los botones coquetamente tocados con su bombonera de pasamanería dorada, los ‘bartenders’ en chaquetilla de piqué almidonada y restallante, los conserjes orgullosamente enguantados, las damas como Marella Agnelli, Coco Chanel, Barbara Hutton o Maria Callas, las bellezas como Greta Garbo, Grace Kelly y Ava Gardner inimitablemente cortejadas y devotamente acompañadas por Peter Lawford, Cecil Beaton, Bob Kennedy, Luchino Visconti, Porfirio Rubirosa o el Príncipe Ali Khan, sólo entonces el traje, esas tres piezas que siempre han sido la más elitista y elegante manera de complicarse la vida un varón, tendría razón de ser hoy. 

Giulia Pessani, directora de Gentleman Italia
5 de 9
Comparte la fotografía
Giulia Pessani, directora de Gentleman Italia

Pantalón. El secreto es la entrepierna. La prueba de que el pantalón está hecho a medida, que calza bien y que es de calidad, está justamente ahí… Pero no saquen conclusiones maliciosas, pues aquí no se trata de ‘esprit mal tourné’, sino de estética. Y es que no hay nada que merme la elegancia de un varón tanto como una entrepierna, o gavilán en términos sartoriales, demasiado baja en un pantalón clásico, ya sea de lana, de terciopelo o de rayas: da la impresión de tener piernas cortas, añade algún centímetro a la cintura y altera las proporciones del cuerpo. En cambio, si la entrepierna es demasiado alta, genera (además de incomodidad) un embarazoso efecto de embutido. 

Elisabeth Paillié, periodista
6 de 9
Comparte la fotografía
Elisabeth Paillié, periodista

La gabardina eterna​. Uno se compra un Burberry’s igual que se compra un Frigorífico (otro nombre de marca convertido en producto). Recuerdo el de mi padre, el domingo, día de misa, color beige agrisado, mangas ranglan. Hoy, un hombre con gabardina parece algo pasado de moda: la materia, los detalles, robados de otros registros, y el color (junto con los siempre presentes negros), ese beige demasiado educado, demasiado honesto. La pregunta es, pues: ¿Es la gabardina una prenda en vías de extinción? Se diría que la respuesta (sobre todo en las ciudades) es: sí, por supuesto…

Lola Carretero, periodista
7 de 9
Comparte la fotografía
Lola Carretero, periodista

La revelación en los zapatos​. Sobriedad, simplicidad, exquisitez, calidad, rigor y un toque de sofisticación, son las características que me atraen en un hombre, y son también algunas de las que pediría a sus zapatos, que por sí solos definen casi perfectamente el estilo de un look masculino. El hombre que prioriza la elección de una marca y un modelo de zapato tiene ya claro cuál quiere que sea su estilo, y será parte de su éxito o de su error definitivo. No se equivocará si le gustan zapatos de piel negra con cordones para ir con traje, con o sin corbata, y parecerá igualmente impecable si elige el ante marrón para un sport-chic, o el más conservador charol para un smoking o chaqué. Odio la arquetípica imagen del señor en una cena con traje oscuro y zapatitos mocasín con borlitas o trabilla, que a él puede parecerle moderno e incluso transgresor, y a mí me devuelve la imagen de un personaje algo caduco y equivocado. El hombre que cuida su imagen debe invertir en zapatos. En unos John Lobb, por ejemplo, que pueden llenar miles de horas de una exclusiva e impecable sensación. ¿Se puede pedir más a unos zapatos?

Carmen March, diseñadora
8 de 9
Comparte la fotografía
Carmen March, diseñadora

La buena chaqueta​. Para mi una americana es una señora que vive en el continente americano. Entonces, ¿por qué tanta gente se empeña en llamar así a la chaqueta básica masculina? Una vez dicho esto, me gusta la chaqueta clásica de sastrería inglesa, con tendencia a que quede pequeñita, incluso raquítica, independientemente de la talla del hombre que la lleve puesta. No estoy de acuerdo con los que dicen que estas chaquetas son para los extremadamente delgados; considero que un hombre está mucho más favorecido, sea de la talla que sea, con una chaqueta de buen corte y buen paño, muy entallada, tirando a corta y con un largo de manga que deje asomar el puño de la camisa. ¡Ah! Me horrorizan las chaquetas cruzadas, excepto si son de punto.

Hay cosas que conviene no preguntar: o se saben, o la reputación peligra. Gentleman ha consultado a mujeres de humor cómplice sobre los elementos de la indumentaria masculina. Ellas son en su mayoría periodistas, pero también escritoras y diseñadoras, y opinan, con todo el criterio y sofisticación, sobre cómo son los hombres, cómo visten y parecen, sólo para sus ojos: del sombrero a los zapatos, pasando por la camisa, la corbata y el pantalón. Ellas deciden.  

Estilo Hombre
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
7 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios