Teixidors: el mejor tejido de España se sigue fabricando en Terrassa

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Proceso fascinante
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Proceso fascinante

El tejedor realiza un trabajo de precisión con todo el cuerpo. La mano derecha impulsa la lanzadera con la fuerza justa para cruzar los hilos de la urdimbre. Los pies se mueven con tacto, seleccionando el pedal adecuado para abrir la calada y permitir el paso de la lanzadera. Por último, la mano izquierda acompaña al batán, que recoge el hilo dejado por la lanzadera para acercarlo a la tela con la presión exacta que requiere la densidad del tejido. Al de tejedor se unen otros perfiles como el de la canillera (administradora de la parte del telar donde se devana el hilo), el del responsable de la urdimbre, la enhebradora, la costurera o controladora de calidad y el acabador.

Materiales naturales
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Materiales naturales

Los materiales naturales empleados por Teixidors son lino, cachemir, algodón y seda. El catálogo de productos lo componen mantas, cojines, toallas, ropa de cama y accesorios de moda, como bufandas, guantes o chales.
Imagen del taller de Teixidors en Terrassa, con la figura del acabador, que sumerge las piezas tejidas durante la semana en un baño de agua y jabón. En esta fase, la trama áspera y plana se transforma en una tela mullida y suave.

Lana con historia
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Lana con historia

“No queremos que nuestra lana vaya a nadie sin una historia detrás”. Para Juan Ruiz es importante el modo en que Manu y Corine tratan a las ovejas: “No es ganadería intensiva, en la que se tiene a los animales encerrados para que su lana no se deteriore. Tampoco se les alimenta con preparados químicos”, dice. Así, el resultado es una lana de altísima calidad, pero mucho más costosa. “Esa es la razón por la que ya apenas quedan rebaños de ovejas de Merino en España. Nadie está dispuesto a pagar al ganadero local lo que este necesita para que el negocio sea rentable”, se lamenta Juan Ruiz.

Terrassa, el templo del tejido
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Terrassa, el templo del tejido

Teixidors, que tiene su centro de operaciones en Terrassa (Barcelona), exporta el 65% de su producción, cuya última línea está elaborada, exclusivamente, con la lana de mayor calidad del mundo, Merino. La fibra proviene de la granja de Manu y Corine, situada en un pequeño pueblo de la Provenza francesa y con un rebaño de 1.000 cabezas.

La excepción francesa
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La excepción francesa

Las lanas europeas han desaparecido prácticamente del mercado, por la competencia de las fibras sintéticas y de las lanas de Australia y Nueva Zelanda, poniendo en peligro la continuidad de la cadena de la lana europea. En Francia existe, sin embargo, un movimiento de pequeñas cooperativas que trabaja en la mejora y revalorización de sus lanas, para conseguir que los ganaderos recuperen el interés por esta materia. En los Altos Alpes (Provenza Francesa - Costa Azul), este lobby ha logrado incentivar a los ganaderos pagando precios superiores a los del mercado. A cambio, los trabajadores del campo no utilizan tratamientos antiparasitarios tóxicos y lavan con jabón biodegradable.

Un caso único en España
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Un caso único en España

El proceso de lavado de los productos que salen del telar se antoja relevante. Haciendo un símil con la gastronomía, a Juan le recuerda a la mutación que sufre el bizcocho tras su paso por el fogón. “Lo has mezclado todo: el yogur, el aceite, el azúcar, la mantequilla y la levadura. Pero aquello no cobra sentido hasta que no sale del horno”. Las piezas de Teixidors adquieren su tacto final gracias al empleo de jabones ecológicos.

Máxima distinción
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Máxima distinción

Teixidors se distingue del resto por sus telares y tejidos. Reivindica la artesanía como un medio para ganarse la vida, donde el individuo condiciona el resultado. No hay dos productos Teixidors iguales. "La singularidad forma parte de nuestra ética", aseguran,"cada pieza acabada contiene la historia de unas manos".

Azar y simplicidad
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Azar y simplicidad

Francia y Alemania son dos de los países donde Teixidors cuenta con mayor legión de seguidores. En España, la crisis lastró el crecimiento de la marca. “El consumidor intermedio se derrumbó. Parece que ahora las únicas opciones son Zara o Loewe”, zanja Juan Ruiz. Mientras ha ido amainando el temporal, la firma de textiles premium exprime su éxito europeo, en ferias de diseño y certámenes de prestigio en los que goza de una estupenda acogida. 
En la imagen: Chal Beta, de Teixidors, de color rojo anaranjado. Elaborado con hilo 100% cachemir.

Diseño sencillo
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Diseño sencillo

Teixidors defiende a capa y espada la simplicidad en cada una de sus creaciones. Con las texturas, se busca sorprender. “No todos los hilos son iguales”, aclaran. Técnica y estética se abrazan para dar lugar a un proceso de elaboración cuya dificultad no ha de sobrepasar ciertos límites (recordemos las limitaciones de los artesanos), al mismo tiempo que busca ser rentable pese a la excelencia de sus materiales. 

 

Compromiso social
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Compromiso social

La línea de trabajo de la firma no deja de ser un rompecabezas complejo y ambicioso, que busca recuperar un saber hacer caído en desuso como herramienta para el compromiso social.

Superando adversidades
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Superando adversidades

Por el camino, como en todo, se alzan miles de casualidades, como aquella vez en que la costurera intentó imitar las mantas antiguas de canalé con un hilo de color en el borde, y resultó en una de las señas de identidad más potentes de la marca. O esa otra ocasión en la que un chal salió inesperadamente arrugado de la lavadora (debido a la mezcla de hilo de urdimbre con hilo de trama de diferente grosor) y los clientes de Teixidors quedaron maravillados -sorprendentemente para sus responsables.

Un final glorioso
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Un final glorioso

El oficio meticuloso, diestro y preciso desemboca en el armario del individuo, que no siempre guarda sus prendas de tejidos naturales con el mimo requerido. Por lo que nos despedimos de Juan reclamándole un consejo para la conservación de prendas de delicado cachemir. “Meterlas en el congelador no funciona. Es mucho mejor someterlas periódicamente a un peeling manual”. Una vez más: humano, 1; máquina, 0.

Cuando en el año 1983, una trabajadora social con experiencia en psiquiatría, Marta Ribas, y su marido, el ingeniero técnico Juan Ruiz, investigaban el mercado de los telares manuales en España, una bombilla se les iluminó: para montar su propia empresa, no era necesario comprar maquinaria, podían construirla ellos mismos. Y así arrancó la andadura de una peculiar compañía llamada Teixidors, una cooperativa de 44 trabajadores que no solo destaca por haber fabricado sus telares a imagen y semejanza de los del siglo XIX, sino también por la calidad excelsa de sus productos y por el perfil de sus artesanos, todos ellos con alguna discapacidad psíquica (“o problemas de aprendizaje”, como prefiere expresarlo Juan Ruiz, socio fundador y responsable de Relaciones Externas).

 

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