La ética del sombrero: todos los modelos y quiénes los llevaron

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KATHARINE HEPBURN (1907 - 2003)
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KATHARINE HEPBURN (1907 - 2003)

Sólo una mujer, y una mujer de carácter, puede llevar bien un sombrero de hombre. Lo hizo en múltiples ocasiones Marlene Dietrich, pero también Katherine Hepburn podía desafiar los tabúes y lucirlo sin temor. Tensa la mandíbula, su expresión magníficamente iluminada, Hepburn mostró aquí toda la dureza de un carácter que por lo general disimulaba en sus películas.

FRANK SINATRA (1915 - 1998)
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FRANK SINATRA (1915 - 1998)Al chico italiano que cantaba tan bien se le conservó el aire adolescente hasta bien entrada la cuarentena. De ahí que luciera a menudo esta clase de sombreritos de niño crecido que estrena traje, siempre acordes con la sonrisa inocente que desmentía sus conexiones con los mayores mafiosos del país.
​PAUL NEWMAN (1925 - 2008)
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​PAUL NEWMAN (1925 - 2008) Al bello Paul Newman todo le sentaba bien. Un Cadillac de los años sesenta, con alerones de inspiración aeronáutica, y un stetson de vaquero escéptico y seguro de sí mismo. Sus ojos soportaban la sombra de un ala ancha y su sonrisa suficiente lucía incluso en las situaciones más comprometidas.
WINSTON CHURCHILL (1874 -1965)
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WINSTON CHURCHILL (1874 -1965)El saludo con el sombrero es un arte delicado, como lo es el uso de la pajarita o de la corbata de lazo. Ambos los dominaba el premier conservador, como correspondía a su figura añeja de político del pasado. Jamás lo ocultó. Siempre supo sacarle partido, sobre todo cuando en tiempos de guerra recordó a sus paisanos que lo que venían eran tiempos de “sangre, sudor y lágrimas”.
FEDERICO FELLINI (1920 - 1993)
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FEDERICO FELLINI (1920 - 1993)Hay que ser el creador de “Ocho y medio” para llevar sin sonrojo el modelo de sombrero de aire tirolés, y tela a cuadros, que se encasquetaba el pícaro de Fellini en los rodajes. Es un tocado de colegial trasnochado, pero él lo lleva con donaire y desparpajo. Era un tipo único.
john wayne (1907 - 1979)
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john wayne (1907 - 1979)Tenía John Wayne la cabeza tan grande que la gorra con visera que le encasquetó John Ford le queda algo pequeña. Pero aquel gran director consiguió en esa ocasión, tal vez gracias a la gorra, ablandarle las facciones y provocarle una sonrisa amable. Sin la boina verde de héroe de Vietnam, Wayne podía incluso parecer bonachón.
Chistera
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Chistera

Sombrero de fieltro, inventado en 1797 por el artesano inglés John Hetherington, para grandes ocasiones. Se lleva con tight o frac.

Borsalino
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Borsalino

En fieltro de conejo afeitado, este sombrero gris de ala ancha con cinta de otomán, ha estado presente en decenas de películas de los años 40.

Bombín
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Bombín

Sombrero semiesférico de fieltro con el ala redonda y cinta de otomán, inventado en 1850 por el conde de Leicester de Holkman II.

Panamá
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Panamá

Sombrero Montecristi Extrafine, de paja, producido en Ecuador. Para realizarlo hacen falta nueve meses de trabajo.

Stetson
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Stetson

Sombrero de ala ancha estilo Indiana Jones. Hecho en lana, con cintillo de cuerda cerrado por una hebilla y pasadores de cuero.

Tirolés
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Tirolés

Fieltro verde loden, con triple cordón de lana del mismo color. El cordón, suele fijarse con una pluma de gallo.

Davy Crockett
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Davy Crockett

Gorra de conejo forrada en piel y acabado con una larga cola de zorro a la altura de la nuca.

Para la lluvia
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Para la lluvia

El sombrero de lluvia más querido por Woody Allen, en tejido reversible e impermeable, con ala estrecha y bolsillos

Birretina
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Birretina

Piel de carnero, color óxido y visera. Las orejeras se pueden atar por encima de la cabeza.

Aviador
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Aviador

Modelo inspirato en los pilotos de aviación de comienzos del siglo XX, en carnero con orejeras anudadas sobre la cabeza.

Sherlock Holmes
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Sherlock Holmes

Este sombrero de lana inglesa, con doble visera y orejeras atadas en la cabeza, nació en realidad para la caza.

Baseball
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Baseball

Inspirada en la de los atletas estadounidenses, he aquí una gorra de lana con visera regulable de piel vuelta.

Gorra
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Gorra

La gorra de lana es una prenda deportiva que, además de en la ciudad, se lleva en las monterías y durante la pesca.

Terciopelo
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Terciopelo

He aquí un clásico sombrero de terciopelo de mil rayas, de ala estrecha. El modelo de la imagen es de la casa Borsalino.

La generación de los sesentones españoles vio la cumbre del reinado de los sombreros masculinos a finales de los cuarenta, y también su caída en desgracia definitiva a comienzos de los sesenta. Mucho antes habían perdido caché prendas como la boina, epítome de la cazurrería, o el tricornio, símbolo de la persecución que en el estado español se lanzaba sin miramientos durante la dictadura de Franco contra gitanos, homosexuales e izquierdistas incluso moderados.

Hubo lugares, en cambio, donde los sombreros jamás perdieron su fuerza. El redondo sombrero hongo de la City londinense es, sin duda, el mejor ejemplo de una tradición a prueba de todo, incluso de crisis financieras, pues ha sobrevivido varias.

Entretanto, el sombrero mantuvo su carta de naturaleza en el cine. Lo usaba Humphrey Bogart, a juego con la gabardina cruzada y con charreteras, para guarecerse de la lluvia. Y lo usó John Wayne en todos los westerns, para proteger su rostro del sol tejano. Y los exploradores africanos, con sus fusiles capaces de cargarse a un elefante y a diez negros, jamás salían de casa sin su salakov.

También se puso sombrero Marlene Dietrich cada vez que quería subrayar la ambigüedad sexual que formaba parte de su extraña belleza. Pero pronto perdió su prestigio, y en los años sesenta desapareció el tabú de la cabeza descubierta como signo de penuria moral y económica de la misma manera que desaparecieron el pañuelo del bolsillo superior izquierdo de las americanas, o la costumbre de bailar valses o boleros en fiestas familiares.

Mods y rockers, en sus cien mil reencarnaciones, nos han redescubierto el tocado. Pero lo hizo también, a su manera arqueológica y aventurera, Harrison Ford en el papel de egiptólogo aguerrido que inventó Spielberg para él. Como la capa española, el sombrero no morirá jamás porque acentúa la elegancia, marca la distinción y, hoy en día, anuncia un toque singular en la personalidad de quien lo lleva. Que se lo digan si no al conde de Sert. En la Diagonal de Barcelona o la Castellana madrileña parece que el sol luce con más brillo el día en que Frankie Sert sale.

Estilo Hombre
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