Consejos y productos para conseguir un afeitado perfecto y placentero

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Preparación
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Preparación

El ritual básico del buen afeitado comienza con la preparación de la piel; primero, con una toalla caliente sobre la cara que sirve para abrir los poros y comienza a introducir al cliente en el estado de entregada relajación que se pretende. Otra toalla aromatizada en la nuca es un plus que incide en el mismo objetivo.

El momento de los buenos productos
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El momento de los buenos productos

Los productos cobran a continuación protagonismo. Una vez retirada la toalla, un exfoliante sirve para limpiar las impurezas de la cara, evitar el enquistamiento de los pelos y proteger la piel de la irritación. Un aceite preshave, apenas unas gotas extendidas en la mano para masajear sobre la barba, facilitará el deslizamiento de la navaja. Pero eso es misión principal de la espuma de afeitar. Obviamente, las de bote son una opción. Pero no nuestra opción.

Con tacto y suavidad
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Con tacto y suavidad Vertemos un poco de crema de afeitar en un bol, humedecemos y agitamos hasta convertirla en espuma con la ayuda de una brocha, uno de los instrumentos más característicos de este ritual. Al extender la crema por el rostro, con movimientos suaves y circulares, la brocha crea un efecto masaje a veces incluso adormecedor. Las más codiciadas son las de pelo de tejón puro de punta planta, porque, incluso con ese mismo material, hay variedades según la parte del animal de la que provenga el pelo. Algunas modernas imitaciones ‘veganas’, de pelo sintético, alcanzan niveles de suavidad similares.
Comienza el juego
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Comienza el juego

Las navajas clásicas de hoja fija han sido sustituidas en las barberías, por ley, por las de cuchilla desechables. Por su mango, facilitan la labor del barbero y garantizan un mejor rasurado.

Todo un ritual
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Todo un ritual Los academicistas hablan de la técnica de los 14 pasos, que divide el rostro y el cuello en otras tantas zonas y dicta una dirección de deslizamiento de la navaja para cada una.
Sencillez
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Sencillez La práctica es más simple, pero los barberos que la conocen aseguran que les sirve de perfecta guía. Lo normal es realizar dos pasadas. Es decir, tras un afeitado completo, de nuevo brocha y espuma para un segundo rasurado, a contrapelo si la barba lo requiere.
Obra culminada
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Obra culminada

Al acabar, una toalla mojada en agua fría, incluso en hielo, relaja la piel, evita inflamaciones y cierra los paros. La hidratación posterior, mejor con bálsamos o cremas hidratantes que con los clásicos after shave con alcohol, restaura la piel.

Antes
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Antes

Preparar la piel del rostro con una buena limpieza, e incluso una exfoliación que abra los poros, es un plus de afeitado por el que pocos hombres pasan. Agua caliente sí, pero, además, los productos y rituales que la nueva cosmética ofrece facilitarán el rasurado posterior. Selección: Lucía Heredero

Durante
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Durante

Con maquinilla, con cuchilla, utilizando brocha y espuma… Las opciones son múltiples. Elegir uno u otro método depende de las preferencias de cada persona, del tipo de barba, de las características de cada piel, del momento del día o del tiempo disponible. Algunos productos facilitan la labor.
Selección: Lucía Heredero

Después
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Después

El afeitado sin tratamiento posterior es un error. Los poros han quedado abiertos y la piel ha sido agredida (aunque sea mínimamente). Por ello es imprescindible aplicar una crema reparadora, un sérum hidratante o un after shave calmante. Rostro y cuello agradecerán este sencillo paso que no lleva más de un minuto.
Selección: Lucía Heredero

“El placer no tiene límites, se puede encontrar incluso en los actos aparentemente más dolorosos y molestos, excepto en el afeitado del rostro”. La veracidad de tan contundente aserto, atribuido al Marqués de Sade, puede ser más o menos discutida en su primera parte; pocos pueden negarle autoridad en la materia. En lo que se refiere a los suplicios que acompañan al afeitado, sin embargo, la realidad le desmintió hace mucho tiempo.

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Pero especialmente ahora, cuando el tradicional ritual que acompaña al rasurado de la barba ha sido recuperado por las nuevas barberías que, aliadas con novedosos y elaborados productos de cosmética, han sublimado el afeitado hasta convertirlo en una placentera y relajante experiencia que disfrutar con pausa, dejándose llevar por las manos de un experto.

Como las que operan en Filomax Shaving Company, un flamante espacio –dos plantas en la calle Blasco de Garay, de Madrid, con tienda de productos y pequeña barra con consumiciones de bienvenida– en el que el afeitado se ejecuta como si ante una obra de arte se estuviera. Entre 45 y 60 minutos en total para una experiencia que contradice, desde el principio hasta el final, al Marqués de Sade. La Barbería de Iván o Malditos Bastardos, en Madrid; Vicenç Moreto Barbería, en Barcelona; o Geo. F. Trumper, en Londres, transitan, como muchas otras, por el mismo camino.

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