Claves y elementos del buen vestir

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Un buen abrigo es la mejor inversión
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Un buen abrigo es la mejor inversión

Todo caballero debería contar en su guardarropa con al menos un abrigo de corte clásico, un buen abrigo que se prolongase más allá de la rodilla, o al menos casi llegara hasta ella. Un abrigo clásico nunca pasa de moda, y saca de innumerables apuros tanto a la hora de vestir de traje como de sport. En los últimos tiempos, algunos han acompañado al traje; sin embargo, ninguno puede competir con la elegancia intemporal de un abrigo tipo Chesterfield, Covert o Crombie. Y si además nos atreviéramos a escoger el abrigo en versión cruzada, nos protegeríamos del frio con elegancia y mucho estilo.

El traje cruzado es la mejor tarjeta de visita
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El traje cruzado es la mejor tarjeta de visita

Aunque hoy en día los trajes de hilera sencilla se han apoderado de la mayoría de los armarios, un buen traje cruzado, además de ser de una belleza muy superior, es también infinitamente más estiloso. Es cierto que a los señores altos y de espalda atlética les favorece más que a los de reducida estatura, pero estos últimos, procurándose un corte acorde con su fisionomía (optando por una chaqueta del tipo 4x2), podrán disfrutar del placer que supone vestir un elegante y favorecedor traje cruzado.

Elegancia y hechura personalizada
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Elegancia y hechura personalizada

Para el caballero elegante la marca de la ropa es algo secundario: es la hechura de esa ropa a lo único que presta atención. Una chaqueta que produzca arrugas al abotonarla, o de un largo excesivo, son prendas sin lugar en su armario. Por el contrario, un traje entallado, no estrecho, un pantalón que caiga a lo largo de la pierna sin mostrar arruga alguna, unas mangas que permitan que asome un par de centímetros la camisa o un corte que disimule su hombro caído, son detalles en los que se fijará al escoger las prendas de su guardarropa.

Los zapatos de cordones son la elegancia
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Los zapatos de cordones son la elegancia

El zapato es la pieza clave de cualquier conjunto, sea de sport o de chaqueta. Sin un zapato correcto y de calidad, el conjunto final quedará deslucido. Si se procura una elegancia intemporal, hay que escoger un zapato de color negro para el traje. Mocasines para las ocasiones menos formales, y protagonismo al siempre correcto Oxford y a modelos tipo Derby o de hebilla. Si hay que hacer un esfuerzo económico, es en los zapatos. Sir Henry Royce, fundador de Rolls-Royce, solía decir: “La calidad se recuerda mucho después de que el precio se haya olvidado”. 

Mezclar los estampados correctamente
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Mezclar los estampados correctamente

Llegar a combinar correctamente los tres estampados esenciales -esto es, cuadros, círculos y rayas-, en las tres prendas principales -traje, camisa y corbata-, no siempre resulta una tarea fácil. Lo mejor es empezar combinando predas lisas. Si más adelante se escogen prendas con el mismo diseño, habrá que procurar que sean de diferentes medidas. Y si se combinan diseños diferentes, como círculos con cuadros o rayas con círculos, se debe procurar que guarden proporción. 

 

Conocer los colores que favorecen
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Conocer los colores que favorecen

Es preciso indicar que se deben trasmitir los colores de nuestra piel y de nuestro pelo, así como el contraste entre ambos. Una persona rubia quedará favorecida escogiendo corbatas de tonos cercanos al amarillo o al crudo, camisas blancas o de un azul pálido, y trajes claros. Por el contrario, a una persona de pelo moreno le favorecerán más los tonos oscuros en su corbata. 

El color ce los calcetines importa
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El color ce los calcetines importa

Seguramente muchos caballeros piensan que lo más sencillo y seguro es optar siempre por calcetines negros, independientemente del color del traje. Otros tal vez han escogido siempre el color del calcetín acorde al de sus zapatos. Lo que siempre resultará más elegante es hacerlo coincidir con el color del pantalón. De no encontrar la misma tonalidad del color del pantalón resulta recomendable elegirlos con un tono ligeramente más oscuro . 

Conocer el corte que resalte sus virtudes
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Conocer el corte que resalte sus virtudes

Las personas altas no deberían vestir el mismo tipo de corte que las de estatura reducida, y las personas gruesas no deberían fijarse en la hechura de las prendas de los señores delgados. Es una de las reglas básicas del buen vestir. Conviene apuntar que las personas de complexión gruesa deberían seguir las mismas pautas que las de reducida estatura, es decir, ambas categorías de caballeros deberían escoger cortes y diseños que crearan un efecto óptico de figura alargada.

 

Vestirse de acuerdo a la hora del día
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Vestirse de acuerdo a la hora del día

Los años 30 fueron una época dorada de la elegancia por el conocimiento de las normas de la vestimenta y el manejo de la paleta de colores dependiendo de si vestían de día o de noche. La elección de los caballeros más elegantes pondrá de manifiesto el momento del día. Así, reservemos el azul marino para la tarde y ocasiones formales; para la mañana, trajes grises, Príncipe de Gales o diplomáticos no muy oscuros. Aprovechémonos de la relajación en el vestir e incorporemos al armario conjuntos de dos piezas independientes.

 

Sin pañuelo en el bolsillo no hay elegancia
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Sin pañuelo en el bolsillo no hay elegancia

Resulta difícil hablar de un conjunto elegante si no incorporamos un pañuelo de bolsillo. A pesar de la timidez de muchos caballeros para adornarse con uno, parece lógico pensar que si las chaquetas se siguen confeccionando con un bolsillo a la altura del pecho, es para incluir este intemporal complemento. Un sencillo pañuelo de lino blanco colocado en paralelo a la costura del bolsillo, y cuyos extremos, preferiblemente rematados a mano, se sobrepongan entre sí, servirá para vestir elegante a diario o en un acto formal. 

Reloj, no marques las horas...
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Reloj, no marques las horas...

La humanidad aún persigue un viejo sueño: controlar el tiempo. Ante su fracaso, se ha conformado con perfeccionar y embellecer el artefacto que lo mide. La aguja de las horas y el tenaz minutero marcan la sístole y la diástole de nuestros días. La tardanza y la puntualidad de quien espera al amor o el último tren en el andén de la vida permanecen encerradas en una pompa de cristal a la que Galileo y Huygens incorporaron el motor de muelle. Un reloj en la muñeca es mucho más que la pasión por aprehender el tiempo: es la medida de uno mismo, una declaración de intenciones. 

Panamá, el sombrero
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Panamá, el sombrero

Como un Bogart de mirada impenetrable, un Roosevelt visitando las obras del canal de Panamá o a lo Compay Segundo (agarrado a un habano y cantando a las mujeres de Mayarí). Cúbrase con un sombrero Panamá y sentirá la bendición de la elegancia, el frescor preciso de un objeto de culto. Es el Panamá hat o jipijapa, el sombrero moldeado con la finísima paja toquilla que se recolecta y se trata con mimo en Cuenca y en Montecristi, en Ecuador, topónimo del auténtico origen de estos legendarios sombreros de ala, que igual adquieren la forma de un borsalino que de un colonial. 

Aromas de gloria
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Aromas de gloria

En la voluta del humo de un habano, cristaliza un proceso de fabricación único. Hasta veinte personas intervienen en la elaboración de un solo cigarro. Posiblemente sea el único producto premium del mundo elaborado por completo de forma artesanal. Es el secreto que lo dota de un sabor y aroma imposibles de comparar, pero también de su legendaria atracción. El habano es leyenda, bien nacido y bien cuidado en suelos ricos en hierro, cuarzo y materia orgánica. El habano es el resultado de la humedad que lo acaricia y del esmeradísimo magisterio de los hombres y mujeres del tabaco cubano. Ese es el rito. 

Anudando la elegancia
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Anudando la elegancia

La corbata, lo opuesto a un cuello desnudo, a una pechera huérfana, es el complemento definitorio y definitivo; elevado a la cumbre del diseño desde su ancestro y antecedente: el pañuelo que anudaban a su cuello los seis mil soldados del ejército croata que arribaron a París en auxilio de Luis XIII. Aquel echarpe encandiló a los franceses. Aún lo hace hoy, convertida en la clave de bóveda del protocolo, en perfecta simbiosis con el cuello de la camisa.

Dos príncipes en los pies
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Dos príncipes en los pies

Un hombre vestido solo con sus zapatos. Sirva la metáfora para describir la importancia estética y emocional de un buen calzado para el perfecto caballero. Los zapatos tienen alma. Primero, se resisten. Hasta que la resistencia hace el roce y se prestan a ahormarse, sumisos, a la imperfecta anatomía del pie de su propietario. Finalmente, cansados y con mucho mundo en sus suelas, van cumpliendo años. De alguna forma, aún perdura el carácter simbólico y estético que ha tenido el calzado a lo largo de la historia: potestad de los faraones egipcios, de los hombres libres en Grecia; emblema de estatus social antes que objeto de carácter práctico. 

Decía Oscar Wilde que la sola manera de adquirir una elegancia perfecta es teniendo una educación perfecta. Pues precisamente esa educación perfecta es la que debería guiarnos a la hora de componer un armario en el que un traje de chaqueta o unos zapatos ingleses a medida formen parte de un conjunto armonioso. Vestir cuidadosamente es una muestra de educación con uno mismo y para los demás.

[Lea también: El abecedario del auténtico Gentleman]

Conviene, antes de continuar, diferenciar un caballero elegante de otro con estilo. El estilo, además de su carácter subjetivo, no resulta fácil de adquirir de no haber nacido con él o haberlo cultivado desde temprana edad. Por el contrario, los cánones de elegancia que aquí se enumeran permiten que cualquier persona puede adquirirla sin necesidad de don natural alguno.

Por supuesto, lleva tiempo alcanzar la verdadera elegancia: muchas notas diferencian al hombre elegante del que sencillamente se esfuerza por serlo, no dejando en todo caso de tener su mérito. Por ello, el primer consejo es vestir con naturalidad. Al final, se trata de ser uno mismo, no de vestirse pretendiendo parecer quien no somos.

[Conozca el armario del perfecto caballero]

La elegancia es siempre sinónimo de discreción. Todo proceso de cambio requiere cumplir sus plazos, y el intento de acortarlos puede conducir fácilmente a errores de selección de prendas inapropiadas o combinaciones forzadas. En ese proceso de transición estética, casi siempre un sencillo traje azul marino combinado con una camisa lisa azul claro y una corbata azul oscuro, suele ser mucho más elegante que un conjunto recargado de colores y diseños.

En definitiva, se trata de poder decidir si conviene pasar desapercibido, pero sin dejar a nadie indiferente. Ya en el siglo XIX, el árbitro de la elegancia masculina de la época, George Brummel, dejó establecido que si alguien se vuelve para mirar nuestro traje, es que no vamos bien vestidos. En el guardarropa masculino discreción y sencillez son siempre preferibles a exageración y exhibicionismo.

Ilustraciones: Fernando Vicente

Estilo Hombre
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