R. Scheer & Söhne: 200 años de artesanía del zapato

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Dos siglos marcando estilo
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Dos siglos marcando estilo

Desde hace 200 años, R. Scheer & Söhne es una referencia en el arte de hacer zapatos. En sus instalaciones no hay la menor señal de maquinaria, porque aquí el proceso sigue siendo semejante al que les dio la medalla de oro en la Expo de Viena en 1873 y, pocos años después, el nombramiento de zapateros oficiales de la corte austriaca. En la imagen, observamos un par de zapatos terminados. 

La séptima generación
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La séptima generación

Markus Scheer representa la séptima generación de una familia de zapateros cuyo apellido brilla en el sector desde 1816. Solo hacen falta un par de minutos para que Scheer baje de su oficina a recibirnos. Vacía y en un profundo silencio, la sala de recepción está forrada con madera antigua; una gran mesa domina el espacio, y los expositores de zapatos llegan hasta el techo. Podría ser una sala cristalizada en el tiempo si no fuera por los dos escaparates, con unos sencillos focos sobre la bonita línea de zapatos y botas para señora que Scheer & Söhne exhibe esta temporada. Discreción y elegancia son dos palabras acertadas, tanto para la tienda como para la estrecha Braunerstrasse, en el corazón de la antigua y fastuosa Viena, en la que se ubica.

El buen hacer artesano
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El buen hacer artesano

La fama de Scheer & Söhne viene de lejos. Markus Scheer aún usa las mismas tres medidas para esculpir la forma exacta del pie en la madera. El zapato se “cuece” manualmente, a partir de 200 partes diferentes, en un proceso que dura unas 60 horas y que incluye las pieles naturales guardadas hace décadas en la sala de su abuelo.

Expandir el conocimiento
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Expandir el conocimiento

La idea de Scheer es muy ambiciosa y entraña un gran peligro. “Educar a la gente significa compartir los dos siglos de conocimiento que hemos acumulado y ello implica romper con la tradición familiar de no establecer contactos con el exterior con excepción de nuestros clientes. Aunque ya tenga más o menos claro que lo debemos hacer, sigo sin aclararme en lo que se refiera a cómo podemos compartir todo nuestro conocimiento sin morir en el intento”.

En busca de talento
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En busca de talento

El negocio se mantiene vivo y próspero sin haber sobrepasado jamás los 300 pares por año (otra tradición de Scheer). Pero grises nubarrones sobrevuelan el taller. “Hay falta de artesanos cualificados”, asegura Markus. Según él, existe una nueva realidad por la que “la gente está perdiendo el contacto directo con los zapateros y con la dificultad de distinguir un zapato excelente. Las horas de trabajo que se dedican, la calidad de los materiales: nada de eso cuenta ya hoy en día a la hora de elegir qué nos ponemos en los pies”.

Un plan brillante
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Un plan brillante

Al percibir que su fuente de supervivencia se le escurría entre los dedos, Markus Scheer diseñó un plan para luchar contra estas dificultades. Este se basa en la revelación de su know-how al mundo de los zapateros; una innovación absoluta en sus 200 años de historia. La tienda de reparaciones, por ejemplo, pasó a aceptar también zapatos de otras marcas, y la inauguración del nuevo espacio tuvo lugar en una sala contigua a la que exhibe objetos de artesanos que comparten la misma filosofía, prevaleciendo una proximidad con la calle que los talleres no ofrecen.

Vocación por enseñar
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Vocación por enseñar

“La gente puede entrar y aprender qué significa pulir un zapato a mano. Es otra forma de educar al público y presentarle este arte”, sostiene Markus. Así, en 2013 estrenó una sala de restaurante en la trastienda. 'Encuentros de calcetines', así los llama Markus, “porque los zapatos se pulen y arreglan mientras almuerzan, y todo el mundo está descalzo”. Scheer ha expandido en este tiempo el negocio a otras zonas del mundo, con un Shoe Polishing Café en Nueva York o París, por ejemplo.

Comienza la aventura
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Comienza la aventura

Algunas salas se encuentran ya prácticamente disponibles para arrancar con la gran aventura de trasladar al mundo los valores artesanales, no solo de la firma, sino del cuidado del calzado.

La saga continúa
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La saga continúa

“Intento respetar el pasado y seguir desarrollando el negocio, como hizo mi abuelo al lanzar los zapatos de mujer”, asegura Markus Scheer, quien piensa en sus cuatro hijos como potenciales herederos. “Tengo interés en que sigan mis pasos, por eso me gustaría ofrecerles algo nuevo. Y aún hay muchas cosas que me gustaría hacer”. En resumen, el mundo de Scheer sigue dando vueltas, por su bien y por el de todos los zapateros artesanos del mundo.

'La lámpara de Scheer'
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'La lámpara de Scheer'

En la tienda de Scheer & Söhne se pueden comprar varios accesorios, como bolsos, cinturones o maletas, pero uno en particular ha llamado la atención de los clientes de Markus. Se trata de la Schusterkugel, una bola de cristal llena de agua que permite concentrar la luz difusa del sol o de una lamparilla de aceite. Este objeto, muy usado por los artesanos hace siglos, les permitía seguir trabajando cuando la luz natural desaparecía, algo especialmente indicado para los largos meses de invierno en Austria y Alemania, famosos por sus días cortos. Al llegar la electricidad, este objeto cayó en desuso. Pese a ello, no ha dejado de tener su encanto y Scheer la ha recuperado ahora con fines decorativos.

Markus Scheer representa la séptima generación de una familia de zapateros cuyo apellido brilla en el sector desde 1816. Cuando la edad ya hacía mella en las facultades de su abuelo, la sucesión recayó en él, y no solo porque era el único miembro de la familia que trabajaba en la empresa, sino porque se había convertido en uno de los artesanos más respetados en el arte de la zapatería. El New York Times, por ejemplo, lo destacó por redescubrir la tradición de los artesanos vieneses; y su trabajo tampoco escapó al atento radar de la revista Monocle, que, en el 2011, lo incluyó en su lista de los cien objetos e ideas de diseño para una vida mejor.

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