Solingen, la meca del afeitado tradicional

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El origen
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El origen Fue en esta ciudad alemana donde, en 1906, Carl Dorp y Carl Arthur Voos unieron sus apellidos para fundar DOVO, la primera firma especializada en la forja de navajas de afeitado de la región. Más de cien años después, sigue al pie del cañón vendiendo alrededor de 30.000 unidades anuales.
Efecto dominó
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Efecto dominó A DOVO le siguieron otras marcas como Wüsthof, J.A. Henckels, Böker, Eickhorn o Giesen & Forsthoff, fundada en 1920 también por una pareja de empresarios y aún en manos de la familia del primero de ellos, Paul Giesen. Tampoco faltaron clientes extranjeros que solicitaron a las fábricas de Solingen el acero forjado con el que montar posteriormente las navajas en sus respectivos países. Fue el caso, entre otros, de la británica Wilkinson Sword.
La cuna de las navajas
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La cuna de las navajas El 90% de los cuchillos y navajas fabricados en Alemania se realizan en Solingen. Además, desde 1938, el nombre de la localidad pasó a ser Denominación de Origen Protegida, por lo que una navaja de barbero con Solingen escrito sobre su acero es sinónimo de la más alta calidad, además de una seña de identidad.
El poder del acero
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El poder del acero La decisión de Dorp y Voos de fundar su compañía no fue casual. Solingen es desde la Edad Media una de las ciudades más afamadas de Centroeuropa en la forja del acero. Su fama se extendió rápidamente por el Viejo Continente y no eran pocos los que querían cuchillos o espadas forjados allí. El paso del tiempo y la Revolución Industrial obligó a una reconversión que pasó, precisamente, por el mundo del afeitado.
Pura artesanía
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Pura artesanía Los modelos más especiales exigen un trabajo artesanal muy elaborado. Esto obliga, en el caso de DOVO, a que haya una lista de espera que, en el caso de las navajas rígidas, puede llegar incluso a los tres años. Para los diseños más convencionales, en cambio, no supera el año.
En constante evolución
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En constante evoluciónLa industria barbera de la ciudad vivió el siglo XX como ahora el XXI, marcada por las modas del cuidado masculino. Durante sus primeras décadas de vida, el sector no dejó de crecer. Sin embargo, la aparición de la afeitadora eléctrica a finales de la década de los 30 fue un golpe duro de encajar. Hasta el punto de que, más que la Segunda Guerra Mundial, fue el invento de Jacob Schick el que hizo tambalear los cimientos de las incipientes factorías en aquel entonces.
Un futuro marcado por la tradición
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Un futuro marcado por la tradición La diversificación se mantuvo hasta hace unos años, con el nuevo ‘boom’ de la barbería artesanal en toda Europa. La navaja de afeitar volvió a ser la estrella. El no haber alterado el proceso de fabricación es motivo de orgullo en Solingen. 
Variedad
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Variedad En su catálogo podemos encontrar piezas cuyo mango se ha fabricado con roble español, pero también con cuerno de búfalo o de mamut, de ahí que los precios superen habitualmente los 100 €. Ocurre lo mismo con las de G&F, que añade a la lista los mangos con textura de caparazón de tortuga (135 €) o madreperla (135 €) bajo la firma Timor.
Navajas de cine
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Navajas de cine En una escena de ‘Skyfall’ (2012), James Bond, es afeitado por Miss Moneypenny con una navaja artesana DOVO, el modelo #41 Stainless Steel. En Solingen no pueden estar más de acuerdo con la frase con la que remata su acicalado el personaje que interpreta Daniel Craig en el filme: ‘A veces, al estilo antiguo, es lo mejor”.
Competencia y expansión
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Competencia y expansión Al mismo tiempo que crecía la industria de la navaja de afeitar en Solingen, un emigrante se encargaba de hacer lo mismo en Barcelona. Se llamaba Jacques Bassat y, apoyado en la tradición de la ciudad alemana y en su forma de trabajo, crea las navajas Iberia. Su hijo Lázaro Bassat (padre de Luis, actual presidente del Grupo Bassat Ogilvy)  continuó el legado fundando Filomatic, firma que llegó a controlar el 60% del mercado español hasta su compra por la que era su máxima rival, la americana Gillette. Ahí comenzó un declive hasta su casi por completa disolución. Hoy, una navaja de coleccionista Iberia ronda los 150 €.

A orillas del río Wupper, un afluente del mucho más caudaloso Rín, decenas de artesanos se afanan en forjar a la perfección una pila de navajas de afeitar. No lo hacen bajo el mismo techo, pues son varias, alrededor de media docena, las empresas que aquí se dedican a cuidar el acicalado masculino desde hace más de un siglo. Lo hacen en silencio, como si se tratara de una pieza de Alta Relojería. Son conscientes de que de ellos depende que esos talleres sigan encontrándose entre los más emblemáticos del mundo.

[Lea aquí: El arte del buen afeitado]

Estamos en Solingen, en Renania del Norte-Westfalia, para muchos, la Meca de la barbería europea. Fue en esta ciudad alemana donde, en 1906, Carl Dorp y Carl Arthur Voos unieron sus apellidos para fundar DOVO, la primera firma especializada en la forja de navajas de afeitado de la región. Casi 110 años después, sigue al pie del cañón vendiendo alrededor de 30.000 unidades anuales.

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