LA BODEGA ABRE SUS PUERTAS A GENTLEMAN

Moët & Chandon: la historia dorada del mejor champagne del mundo

Un viaje exclusivo para descubrir la maison Moët & Chandon hasta Épernay, el pueblo francés donde nació la marca de champagne en 1743

Foto: Moët & Chandon es la maison más grande del mundo con 1.180 hectáreas de terreno, de las cuales la mitad son Grands Crus y un 25% Premiers Crus.
Moët & Chandon es la maison más grande del mundo con 1.180 hectáreas de terreno, de las cuales la mitad son Grands Crus y un 25% Premiers Crus.
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El consumo de champagne se dispara. Es una constante en estas fechas. Pero no todos los que brindarán al nuevo año con una copa de este mítico vino espumoso saben qué hay detrás de sus burbujas. Para descubrirlo, Gentleman ha viajado hasta el pueblo francés de Épernay, lugar de nacimiento y actual sede de Moët & Chandon, una de las marcas de champagne más prestigiosas del mundo.

El pueblo se encuentra a media hora en coche del aeropuerto parisino Charles de Gaulle, pero ya a la altura de Châtillon-sur-Marne se empiezan a divisar los viñedos que se extienden a lo largo del curso del río Marne. Allí crecen las variedades de uva que se utilizan para el célebre mixage del que nace el champagne: pinot negro, que otorga cuerpo al vino; pinot meunier, que le proporciona su gusto redondo; y chardonnay, que le confiere frescura y elegancia.

Épernay dista 20 kilómetros de estos viñedos que dominan el paisaje de la región de Champagne. Nada más llegar, recorremos la calle principal, Avenue de Champagne, elegante y ordenada, donde, en el número 18, se encuentra el Moët & Chandon Visitor Centre. En ese mismo lugar, en 1720, un marchante de vinos de nombre Claude Moët estableció la sede de su empresa y mandó excavar el primer núcleo de bodegas que aún guardan los tesoros de la marca.

Una verja protege la Grand Vintage Reserve, una bodega histórica fuente de inspiración para la 'maison'.
Una verja protege la Grand Vintage Reserve, una bodega histórica fuente de inspiración para la 'maison'.

Actualmente, una parte del edificio acoge un museo, en el que se guarda el registro donde Claude apuntaba de su puño y letra notas relativas a la actividad comercial (que arrancó un 10 de marzo de 1743, fecha oficial de fundación de la maison) y a su familia. De hecho, la familia tiene una importancia capital en la evolución de la marca: fue el nieto de Claude, Jean Rémy, quien adquirió nuevos viñedos y empezó a exportar el champagne a todo al mundo, desde Rusia hasta Brasil, antes de ceder la empresa al hijo, Victor Moët, y al yerno, Pierre Gabriel Chandon.

La fusión entre las dos ramas de la familia, y el nacimiento así de Moët & Chandon, se remonta a 1821: desde entonces la casa ha crecido hasta el punto de convertirse en la 'maison' más grande del mundo con 1.180 hectáreas de terreno, de las cuales la mitad son Grands Crus y un 25% Premiers Crus.

Empleados de Moët & Chandon trabajan en los viñedos de la 'maison'.
Empleados de Moët & Chandon trabajan en los viñedos de la 'maison'.

UNA MARCA UNIVERSAL
En otra de las estancias del museo, una pantalla proyecta imágenes del viaje a América de otro personaje fundamental en la historia de la familia: Robert-Jean de Vogue, el primero en utilizar, en 1966, barricas de acero inoxidable para la fermentación, la maduración y la conservación del vino.

A él se debe también la difusión masiva del champagne en los mercados internacionales y la fama a nivel mundial de la marca, conseguida gracias a una estrategia comercial que ha sabido democratizar el producto sin alterar su estilo y su carácter exclusivo. Y suya fue también la idea de lanzar, en 1936, tras haber comprado la célebre abadía de Hautviller en 1929, Dom Pérignon como expresión de cuvée de excelencia de la marca.

Benoit Gouez, chef de cave de Moët & Chandon.
Benoit Gouez, chef de cave de Moët & Chandon.

En 1967 Moët se fundió con Hennessy y, en 1987, lanzó la división Wines and Spirits del gigante del lujo LVMH (Luis Vuitton y Moët Hennessy), dirigido por Bernard Arnault, que hoy cuenta con 21 marcas en el sector de las bebidas alcohólicas.

Seguimos la visita al museo bajando a la boutique, que expone todos los formatos existentes de Moët & Chandon: desde el mini Moët (20 cl) hasta el Nabucodonosor (15 litros). Debajo de la tienda se extiende el laberinto de las inmensas bodegas, las más grandes de toda la región de Champagne: 28 kilómetros repartidos en tres niveles (de los 10 hasta los 30 metros bajo el nivel de la calle), con tramos que se remontan al siglo XVIII.

Desde las bodegas se accede a la Grand Vintage Reserve, protegida por una habitualmente infranqueable verja (y excepcionalmente abierta para esta revista), donde se puede contemplar esta preciosa reserva histórica, fuente de constante inspiración para el chef de cave Benoît Gouez. “Nuestra tarea consiste en valorizar una materia prima que ya existe: no forzamos a la naturaleza, solo la guiamos”, explica Benoît en al orangerie de la residencia de Trianon, elegante edificio ubicado enfrente de la sede de la maison que hizo construir Jean-Remy en las primeras décadas del siglo XIX para su hija Adelaide.

MARIDAJE DE ALTURA
Compartir una cata con el chef de cave es una experiencia única que requiere “espontaneidad, fantasía e imaginación”, como explica Benoît, porque los vinos que componen el mítico blend “están elaborados para evocar la frescura del clima, el natural toque afrutado de la uva y la complejidad del terroir. Un elegante y armonioso conjunto de notas que define el estilo propio de la maison”.

El champagne se cata en copas especiales de la marca Riedel: son más abiertas que las flûte, que desde hace tiempo han sustituido a las copas anchas. “Las preferimos porque se adaptan mejor a la idea de champagne como vino para acompañar las comidas y no solo destinado a ocasiones especiales”, nos dice Benoît, que interviene también en la elección del menú de la cena, demostración de cómo el arte de combinar champagne y comida puede convertirse en toda una filosofía. Servida después de un aperitivo a bordo del globo que surcó los cielos de medio mundo con ocasión del 250 aniversario de la casa, la cena es una creación del italiano Marco Fadiga, executive chef desde hace dos años.

Moët & Chandon Ice Imperial, uno de los lujos de la marca.
Moët & Chandon Ice Imperial, uno de los lujos de la marca.

Se empieza con un Moët & Chandon Imperial que acompaña un tartar de dorada con mango, manzanas Granny Smith y almendras tostadas, para seguir con un Rosé Imperial servido con langosta con espuma de frambuesas y aceitunas negras disecadas. El tercer plato es una carrillada de ternera con zanahorias, guisantes y judías verdes que hay que degustar con un Moët & Chandon Gran Vintage 2009 (en este caso se especifica la añada porque se trata de un millésimé).

Para terminar, caramelo con mantequilla salada que marida perfectamente con el Moët & Chandon Nectar Imperial (un demi-sec, con un porcentaje de azúcar del 45%, como indica la etiqueta de esta y de todas las botellas de la maison). En todos los vinos de esta refinada propuesta hay una nota salada, el elemento que más exalta la delicada armonía del champagne.

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