10º aniversario en el Pago de Vallegarcía, los vinos de Alfonso Cortina

La bodega, situada en el corazón de los Montes de Toledo, alcanza su madurez y consolida sus cosechas como ejemplo del buen hacer en el sector vinícola español

Foto: Vista del amplio exterior de la finca, que conserva una flora y una fauna de gran valor ecológico y unos paisajes de naturaleza aún intacta.
Vista del amplio exterior de la finca, que conserva una flora y una fauna de gran valor ecológico y unos paisajes de naturaleza aún intacta.
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En 2016 se cumple una década desde que se puso en marcha la bodega de Pago de Vallegarcía, un proyecto que Alfonso Cortina empezó a gestar siete años antes, construyendo una bodega que ha acabado siendo pionera con un blanco de viognier inédito hasta la fecha.

En la sala de barricas la temperatura se mantiene todo el año constante a 15ºC y la humedad al 80%.
En la sala de barricas la temperatura se mantiene todo el año constante a 15ºC y la humedad al 80%.

En los Montes de Toledo, sobre un suelo con enorme potencial que se encuentra junto al Parque Natural de Cabañeros, se plantaron en 1999 las primeras cepas. Solo dos años después, se elaboraron los primeros vinos de Vallegarcía, una primera partida de experimentación, a la que seguirían otras cuatro añadas, hasta que, una vez construida la bodega, en 2006, comienza la historia de la Finca Vitivinícola Pago de Vallegarcía.

Imagen del empresario Alfonso Cortina.
Imagen del empresario Alfonso Cortina.

Alfonso Cortina, ingeniero industrial de formación, ocupó la presidencia de Repsol entre 1996 y 2004, aunque siempre fue un amante del vino. Su bodega privada, con más de dos mil referencias, está entre las mejor abastecidas del país. Fue la amistad con Carlos Falcó, Marqués de Griñón, lo que le animó a poner el proyecto en marcha: primero, en 1993, la viña, asesorado por uno de los grandes talentos de la viticultura moderna, el profesor australiano Richard Smart. Después, la construcción de la bodega, que, firmada por el arquitecto Gonzalo Martínez Pita, es un edificio donde priman la funcionalidad y los materiales naturales, de líneas puras y sencillas que configuran una construcción innovadora que se proyectó con una sola planta en forma de cruz, dos calles de servicio y tres áreas diferenciadas.

La primera cosecha de la nueva Bodega de Vallegarcía fue la de 2006, que elaboró hace ahora diez años. La elección de variedades, todas ellas francesas, obedece en Vallegarcía a factores como la composición del suelo, con un ph bajo que, combinado con la altitud del terreno (850-900 m) por un lado, un clima continental por otro, y la plantación de variedades de ciclo largo (viognier, cabernet sauvignon), dan lugar a vinos con una inusitada frescura pese a la calidez de la región. Los vinos de Vallegarcía tienen un estilo propio, como particular es el terreno de donde proceden. Inspirados en sus variedades por los grandes vinos bordeleses, del Ródano y la Provenza, tienen un toque especial.

La filosofía de la bodega es elaborar vinos naturales de alta calidad, con una composición equilibrada a partir de la uva del Pago.
La filosofía de la bodega es elaborar vinos naturales de alta calidad, con una composición equilibrada a partir de la uva del Pago.

Alfonso Cortina, conocedor y amante de vinos borgoñones o bordeleses, se decidió a plantar uvas francesas instaladas con éxito en otras latitudes del viñedo manchego: merlot, cabernet franc, cabernet sauvignon, petit verdot y syrah. Pero además se optó por una variedad poco conocida en el mundo y menos aún en España: la viognier. En la segunda añada del vino, ya obtuvo el beneplácito de críticos influyentes, como Robert Parker. El Viognier de Vallegarcía 2013, es la estrella de la bodega, un blanco que mezcla vinos elaborados en depósito con un porcentaje de vino fermentado en barrica y con seis meses de crianza sobre sus lías, que se somete, ya ensamblado, a una posterior maduración en botella de 12 meses antes de salir al mercado.

Viognier de Vallegarcía 2013.
Viognier de Vallegarcía 2013.

En cuanto a los tintos, hay que destacar el Hipperia 2012 en el que la cabernet sauvignon, con su estructura, su fuerza y su capacidad de envejecimiento marcan la pauta. Le acompañan proporciones de merlot, cabernet franc y petit verdot en un coupage concebido para crecer en botella. El ensamblaje reposa 12 meses en barrica nueva de roble francés.

El Vallegarcía Syrah 2012 tiene una crianza de 12 meses en barricas de roble francés y otros tantos en botella. Y el Petit Hipperia 2013, al que se podría definir como el hermano pequeño del Hipperia, un segundo vino, desde la perspectiva bordelesa, se elabora con las mismas variedades y una crianza en roble francés de entre 10 y 12 meses. 

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