Los secretos de una prenda imprescindible

Origen, secretos, modelos y usos de las chaquetas

La prenda más versátil del guardarropa, la chaqueta de sport, se adapta a todas las ocasiones, incluso aquellas que requieren formalidad

Foto: De izquierda a derecha, diferentes texturas: pana, pana doble, seda y cashmere, lana, piel de melocotón, tweed, cashmere (de nuevo) y falso estampado. / Fotografía: Leandro Scorsell
De izquierda a derecha, diferentes texturas: pana, pana doble, seda y cashmere, lana, piel de melocotón, tweed, cashmere (de nuevo) y falso estampado. / Fotografía: Leandro Scorsell

Pocas son las ocasiones, y también las profesiones, en las que las reglas exigen el uso de un riguroso traje de pantalón y chaqueta completo, de modo que la chaqueta de sport, aunque no sea exactamente deportiva, posee un rol crucial en el armario de un hombre de hoy. Sobre ella pivotan múltiples elementos que consiguen que ésta tenga la capacidad de desempeñar diversas funciones, como actualizar prendas poco usadas, ensamblar nuevos looks, y mantener a la vez una imagen formal y elegante cuando convenga, o más casual si las circunstancias lo requieren.

Bolsillo de interior. El bolsillo interior de la chaqueta debe hacerse no sólo en el forro, sino tomando parte del tejido, de modo que no se deforme con el uso.
Botones. Los botones de una buena chaqueta deben ser de un material orgánico, como asta de vacuno o hueso.
Ojales en la manga. A pesar de que carecen de utilidad aparente, los botones del puño deben poder desabrocharse. Su número varía entre uno a cuatro, dependiendo del país.

En el caso de la chaqueta de sport, la clave está en saber combinarla con las demás prendas del guardarropa. Por otro lado, la chaqueta, rescatada de las normas que ciñen su uso en trajes completos, otorgan a quien las lleva introducir mucho más color y dibujo a su vestuario del que le estaría permitido en un traje y, por tanto, si se va a usar como indumentaria semiformal —para ir al trabajo, por ejemplo—, se debe equilibrar con un corte muy cuidado y una moderación en los accesorios que se elijan para complementarla. Sobre todo, siempre se debe elegir un pantalón liso que no colisione con el dibujo de la chaqueta.

El origen de la chaqueta, e incluso la misma palabra, parece que tuvo lugar en Francia en la corte del rey Luis XIV, aunque su versión actual es una derivación de las chaquetas deportivas inglesas del siglo XIX, como la conocida chaqueta Norfolk, presumiblemente inventada por el Duque del mismo nombre para usar durante sus monterías. Con sus cuatro o cinco botones, su cinturón y sus bolsillos de fuelle, era la combinación perfecta entre un aspecto elegante y un uso confortable apropiado para la vida en el campo.

Este tipo de chaqueta se hizo popular en las primeras décadas del siglo XX. Entre los jugadores de críquet, se extendieron las chaquetas de franela con bolsillos de plastón y, por otro lado, se pusieron de moda las llamadas blazer, de las que hablaremos en otra ocasión. Todas ellas contribuyeron a la popularización de la chaqueta como un elemento individual, con vida separada de los pantalones y que podía fabricarse en tejidos particularmente apropiados para ella, como es el tweed en sus infinitas versiones, el cheviot, la pata de gallo, el príncipe de Gales, la sarga, la pana, la espiga... Aunque no necesariamente en la misma calidad de tejido ni el mismo colorido que los empleados para la confección de un traje, ya que la chaqueta de sport admite, por ejemplo, texturas más gruesas y diferentes coloridos (por ejemplo un Príncipe de Gales es preferible en marrones o tostados si es en chaqueta de sport y en grises si se trata de un traje).

De cualquier modo, en la elaboración de una chaqueta se siguen unos cánones que no deben obviarse y que hay que tener presentes cuando se elige en una tienda o cuando se va al sastre. En primer lugar, la espalda de la chaqueta debe ser lo suficientemente amplia como para que la parte externa de la manga caiga de forma libre y se pliegue perpendicularmente sin causar grandes arrugas. También debe ser lo bastante amplia en el tórax, de manera que se pueda abrochar cómodamente, permaneciendo confortable incluso cuando uno se sienta. Si la chaqueta es de dos botones, se abrocha sólo el superior; si es de tres botones, el de en medio y quizá el superior. En ninguno de los dos casos se abrocha el inferior.

En sastrería, el drop indica la correlación entre el largo del tórax y la medida de la cintura. Por ejemplo, una talla 50 con un drop número 8 es una chaqueta bastante estrecha con respecto al torso; la misma talla con un valor 6 es una prenda bien equilibrada, y con valor 4 está pensada para acomodar un abdomen protuberante. En cuanto al largo de la chaqueta, hay dos reglas diferentes, una dice que debe ser lo bastante larga como para alcanzar el arranque de las piernas de quien la lleve y la otra señala que, con los brazos rectos y caídos, la segunda articulación de los dedos de la mano debe llegar al borde de la chaqueta. En cuanto al largo de la manga, está en relación con el de la manga de la camisa, que debe asomar más de un centímetro por debajo. Del mismo modo, el cuello del portador debe sobresalir un poco del cuello de la chaqueta y, en especial, no despegarse de él con los movimientos.

Otro tema de discusión son las aberturas traseras. Las chaquetas tradicionales no llevan aberturas y, aunque es un efecto bello, puede resultar incómodo. La chaqueta de abertura central trasera única tiene muchos detractores, de hecho, en Italia, por ejemplo, la ignoran por el efecto antiestético que genera cuando se abre. Sin embargo, la preferida es la de dos aberturas laterales, que tiene el efecto óptico de alargar la pierna cuando se está en movimiento y es más cómoda que las anteriores.

Las solapas, por su parte, constituyen la parte de la chaqueta que es más esclava de la moda. Se ensanchan y se estrechan según las tendencias, aunque es de sabios mantenerse siempre en unos límites honrosos, evitando los excesos. Por regla general, para una persona de talla media, la medida debe mantenerse dentro de un mínimo de 8,5cm. y un máximo de 10,5 en el punto más ancho. En la solapa izquierda debe figurar un ojal abierto para poner una flor, aunque jamás se utilice.

Los bolsillos también tienen unas medidas aproximadas que se deben respetar, una profundidad de entre 4,5 a 5,5 cm. En la chaqueta deportiva se emplean los llamados de plastón, es decir, externos, aplicados a la superficie de la chaqueta y que son una herencia de las antiguas chaquetas de caza. El bolsillo superior izquierdo de la chaqueta no es para guardar gafas y bolígrafos, sino para acomodar un pañuelo, ya que cumple una función estética importante. El resto de los utensilios se llevan en los bolsillos internos, confeccionados para ello.

El forro es imprescindible, pues permite un mejor deslizamiento en el hombro. Se realiza normalmente en un tejido sedoso llamado bemberg, más resistente que la seda pura. Los botones siempre serán de un material orgánico como el asta. Los que se llevan en la manga deben permitir desabrocharse del ojal. Aunque no se estile esta acción, ello es un signo de buena sastrería. El número de botones que debe llevar una chaqueta es variable. Los ingleses prefieren cuatro, los italianos tres y los americanos uno. Lo más importante es que la chaqueta envejezca bien, como decía Thomas Carlyle, no se fíen de los hombres cuya ropa usada no se convierta en venerable. 

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