¿Sabe cuál era el perfume favorito de Kennedy?

Esta es la historia de amor entre un ex presidente norteamericano y una fragancia nacida en la Costa Azul francesa. Se llama Eight & Bob

Foto: El bueno de Philippe enviaba los frascos en un libro troquelado, pera evitar la vigilancia de los nazis.
El bueno de Philippe enviaba los frascos en un libro troquelado, pera evitar la vigilancia de los nazis.
Una cálida noche de verano acunada por el suave oleaje del Mar Mediterráneo. Corre el año 1937. Un joven estudiante norteamericano, en cuyo pasaporte figura el nombre de John F. Kennedy, recorre la glamurosa Costa Azul al volante de un descapotable. Tiene la vida por delante, hay que disfrutar. En una de esas tantas veladas a la luz de la luna, trajes impecables y sonrisas rellenas de la agradable pereza estival, le presentan a un tal Albert Fouquet, hijo de un aristócrata parisino (la alta sociedad), experto descubridor de perfumes.

Eight & Bob. Ocho fragancias para Kennedy... y otra para su hermano Bob.
Eight & Bob. Ocho fragancias para Kennedy... y otra para su hermano Bob.

Albert se dedicaba, con la ayuda del mayordomo de la familia, Philippe, a crear esencias para su exclusivo uso personal. En cada acontecimiento social al que era invitado sorprendía con sus fragancias. Esta alta sociedad le pedía que los comercializara, pero él se negaba, rechazaba esas peticiones. Y aquí entra eso que el escritor Paul Auster llamaba las casualidades: en la Costa Azul se topó con un bisoño Kennedy, quien se encaprichó con la esencia que desprendía Fouquet.

Distintas esencias de Eight & Bob.
Distintas esencias de Eight & Bob.

A la mañana siguiente Kennedy se despertó en la habitación de su hotel. Allí había un paquete. Dentro, una colonia, anónima, y una nota de Fouquet: "En este tarrro encontrarás la dosis de glamour francés que le falta a tu simpatía americana". Kennedy regresó a los Estados Unidos con su fragancia... y arrasó. Le escribió una carta a Fouquet en la que le rogaba le enviara ocho ejemplares... y uno más para su hermano Bob. El perfumista aristócrata se lo tomó con parsimonia, y hasta que su mayordomo, Philippe, no encontró unos frascos de cristal adecuados, no cumplió la petición: Encargó unas cajas que reproducián el estampado de la camisa que llevaba John Kennedy cuando le conoció y etiquetó los perfumes con la siguiente dedicatoria: Eight & Bob.

Seguimos con el mito. Fouquet empezó a recibir cartas en las que le pedían la fragancia (Cary Grant y James Stewart entre otros). Todos querían Eight & Bob. El hacedor de perfumes murió al poco tiempo en un accidente de coche y su fiel mayordomo, Philippe, retoma esas peticiones provenientes de lo más granado de la sociedad norteamericana. Y aquí entra la leyenda. Comienza la Segunda Guerra Mundial. Philippe abandona su trabajo con la familia Fouquet, continúa con el negocio pero... el correo está intervenido, son tiempos peligrosos. Así que decide esconder los frascos dentro de libros que troqueló cuidadosamente a mano, así evitaba que los nazis incautaran los perfumes. Pasó el tiempo, y la familia del mayordomo recuperó la exclusiva fórmula de Eight & Bob, y también su artesanal proceso de elaboración.

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