Yusty, transición a medida

Uno se jubila; el otro le sucede. Ambos, sastres de la centenaria boutique masculina, encarnan la exigencia del trabajo bien hecho

Foto: La empresa ha sabido combinar una dulce transición con conservar sus valores tradicionales. / LUA FISHER
La empresa ha sabido combinar una dulce transición con conservar sus valores tradicionales. / LUA FISHER

Cortar y coser una chaqueta lleva unas 50 horas de trabajo. Otras diez, el pantalón. Era el tiempo que empleaba Manuel Duque, que se ha jubilado ahora tras medio siglo de profesión, 30 años en Yusty, y es el que seguirá empleando Mario Zafra, su alumno primero, lanzado luego a foguearse en el mercado y de vuelta ahora para sustituirle. No quieren máquinas en Yusty que aceleren el proceso: son incompatibles con un traje a medida hecho a mano, al menos como los que se hacen en esta casa. El año pasado, Yusty cumplió 100 años. Es la tercera generación, la que encabeza Daniel Yusty como director general, la que lleva ahora las riendas de este negocio cuyos cimientos puso en 1914 su abuelo José Yusty. Se estableció como sastre en el barrio madrileño de Chamberí, en el mismo piso de la calle Campoamor en el que vivía con su familia, con la suficiente maestría como para granjearse pronto una entregada clientela de profesionales de la época, abogados, médicos, banqueros, diplomáticos, que se convirtió en su mejor escaparate.

El éxito le empujó a seguir creciendo, a viajar a Londres y Savile Row en los años 20 para importar telas, texturas y cortes; a Nápoles en los 40, para conocer el estilo italiano, menos rígido, que comenzaba entonces a ganar terreno. Hasta que en los años 60, con sus hijos ya en el negocio, viajeros también, Yusty decidió abrir una boutique masculina del estilo de las que comenzaban a proliferar en algunas capitales europeas. Fue en la calle Príncipe de Vergara, un espacio señorial de maderas y moquetas, con una elegancia al servicio del hombre como no se estilaba en la época, y una selección de firmas de moda premium que hasta entonces apenas pisaban suelo español: Brioni, Zegna, Gucci… Esa es la esencia de Yusty, de ese icono de la moda masculina a la que esta tercera generación ha guiado en una transición tranquila, modélica, respetuosa con la tradición, mimando sus señas de identidad, hasta convertirla en un referente del lujo, explicitado en una espectacular tienda en la calle Serrano, en plena milla de oro, remodelada hace apenas dos años y reinventada como una concept store integral al servicio de la elegancia masculina: trajes y camisas por supuesto, pero también calzado, accesorios como guantes, gafas o cinturones e incluso perfumes.

En la imagen, profesor y alumno, Manuel Duque y Mario Zafra.
En la imagen, profesor y alumno, Manuel Duque y Mario Zafra.

La oferta multimarca, siempre de alta gama, las que marcan tendencia, constituye el grueso del negocio de Yusty, quizás el 80%. Pero la sastrería a medida, la que ha personalizado en los últimos 30 años Manuel y ahora hereda Mario, no solo cubre el 20% restante; juega también un cierto papel de guardián de las esencias, de ese aprecio al trabajo artesano que puso los cimientos de Yusty. Y no solo desde el punto de vista sentimental: porque el sello Yusty, el que imprimen sus artesanos a los trajes que salen de sus talleres, existe, se distingue y es especialmente apreciado. 

Es curiosa la historia de estos dos sastres, representantes de dos generaciones ensambladas entre sí con un ajuste perfecto. Fue Manuel quien eligió a Mario como aprendiz, hace ahora ya casi dos décadas. El joven todavía recuerda el día en que le vio aparecer en la academia de sastrería de la calle Fuencarral, según supo luego, buscando a alguien que le ayudara. El profesor le recomendó a Mario, que tuvo desde entonces (tenía 20 años) que continuara sus estudios por las noches mientras por la mañana hacía prácticas en Yusty. Hasta que llegó el momento de crecer también para él: como si de una cesión futbolística se tratara, tras 12 años junto a Manolo y aprendiendo todo lo que podía de él, se fue a otras tiendas para foguearse –“me faltaba dar el paso, completar el proceso, entregar el traje al cliente”-. En junio volvió a casa, para compartir varios meses con Manolo en una “cesión de trastos” en palabras de éste, que ahora concluye.

Cambios, pero no tantos

Así que no le será difícil a Mario adaptarse a la tienda, pero tampoco a los clientes adaptarse a él, algunos de los cuales, los fijos, le recuerdan de su primera etapa. En cualquier caso, coinciden en afirmar los dos, la sastrería a medida ha evolucionado poco en estos años, “y así debe ser”, remacha Manolo, “porque lo lógico es que se mantengan los procesos, la dedicación, las horas de trabajo”. Otra cosa es la moda: ahí sí puede haber variaciones; a veces, como dice Manuel al recordar la vuelta del pantalón estrecho, del pitillo, para recuperar cosas del pasado. “La verdad, es que está todo inventado”. Aunque con margen para pequeñas diferencias. Manuel, por ejemplo, al elegir su total look ideal, el que recomendaría al cliente que quiere un traje a medida que le sirva para todo, se decanta por un gris medio oscuro, “que pueda servir para la mañana y la noche”, con un corte clásico y con el ancho del pantalón justo para tapar el empeine. Mario prefiere los tonos azules, “que dan un poco más de luz”, en un tres piezas en el que el chaleco vista momento más formales y del que se pueda prescindir en los otros, y con un pantalón, eso sí, un pelín más extraño por abajo, quizá un centímetro o centímetro y medio.

Muestrarios de telas, cuya elección por el cliente supone el primer paso para la elaboración de un traje a medida.
Muestrarios de telas, cuya elección por el cliente supone el primer paso para la elaboración de un traje a medida.

¿Tiene el cliente siempre razón también en la sastrería a medida? Dudan en la respuesta, porque han tenido que lidiar con alguna petición extraña. Pero no es lo habitual: ““El cliente viene a que le vistas bien y con un traje cómodo. Se deja aconsejar”, explica Manuel. Fundamental para eso el “estudio de anatomía”, como lo describe Mario, que deben hacer del cliente nada más verle: grosor, espalda recta o redonda, hombros caídos o no..., una fotografía mental que se traducirá luego en un patrón único, realizado en exclusiva para él, y en una, dos o tres pruebas, las necesarias.

No todo es oficio en este trabajo. El estudio, por supuesto, es importante; también la práctica, es un trabajo que se aprende ejerciéndolo; pero “también el gusto; tienes que tener, no sé si llamarlo un don.... Es como un pintor: puedes aprender cosas, pero tienes que tener en las manos esa habilidad, ese gusto por vestir”, trata de explicar Mario, mientras Manuel asiente con la cabeza. Dos generaciones, 70 años de experiencia entre los dos, un mismo oficio, una misma forma de entender la elegancia.

Estilo Hombre
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