ENTREVISTA

Brunello Cucinelli, un filósofo en la moda

Desde el corazón de Italia, con lino y algodón, el diseñador ha querido llenar de espiritualidad el negocio de la moda

Foto: Paisaje de la región de Umbría, visto desde Solomeo. / LUA FISCHER
Paisaje de la región de Umbría, visto desde Solomeo. / LUA FISCHER
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La suavidad de sus tejidos es una metáfora del humanismo que Brunello Cucinelli ha impuesto en la industria de la moda. En su discurso aparecen nombres como Kant, Séneca y Sócrates, así como un compromiso inquebrantable con valores que van más allá de los beneficios de la empresa, junto a los hombres y mujeres que hacen posible esta tarea y siempre al amparo de la belleza que nos rodea. Desde su infancia, placentera y feliz en el campo, convivía con todo el esplendor de la naturaleza al amparo del sol, mientras por la noche la luz de la velas en el castillo de Rigone iluminaba su alrededor. Sus padres le llamaban 'young gentleman' por su estilo, pero también por su actitud serena y contemplativa.

Cucinelli, rodeado de algunos de los artesanos de su firma, en los talleres de Brunello Cucinelli.
Cucinelli, rodeado de algunos de los artesanos de su firma, en los talleres de Brunello Cucinelli.

Cucinelli entró en contacto con el mundo de la moda muy pronto. Fue en Solomeo, cerca de Perugia, acompañado de su mujer, donde empezó a materializar sus sueños con la creación de la firma Brunello Cucinelli. Al principio, solo tenía la forma de un catálogo de cachemira, eso sí, siempre de una calidad incuestionable. Nació así una empresa que promovía un nuevo humanismo. No solo se trataba de diseñar ropa, sino de proponer un mundo mejor, con valores como la defensa de la naturaleza, la condición humana o la cultura, todo aquello que defiende la Fundación Brunello y Federica Cucinelli, el instrumento creado por este emprendedor para vehicular su compromiso.

Su último proyecto contempla la creación de una serie de tres parques en el valle situado al pie de Solomeo, para culminar así el sueño que empezó cuando, tras convertir este pueblo en sede de la compañía, emprendió un plan de restauración de sus edificios, incluyendo el antiguo castrum, y la construcción también de nuevas infraestructuras, como el Teatro Cucinelli.

Mientras, su visión del hombre contemporáneo, chic y elegante, sigue creciendo por el mundo, con más de 125 boutiques en 35 países. Una de sus últimas aperturas ha sido en Madrid, en plena Milla de Oro (calle Ortega y Gasset, 14): un espacio amplio y exclusivo con la decoración exquisita marca de la casa.

Su moda es una revolución por los tejidos, la calidad, el equipo humano… ¿Cuál es la próxima revolución?
La revolución de la calidad y del trato a las personas que componen el equipo. Se trata de ir acorde a tu tiempo, ese es el secreto. Me gusta mucho una expresión de Voltaire: “Si no quieres aceptar los cambios de tu tiempo, al final te quedarás con la peor parte”. Otros pilares de mi trabajo serían calidad, manualidad, creatividad y exclusividad.

Y añadimos el buen gusto...
(Risas). Sí, eso existe. Pero por otro lado, si observas el mundo de mis diseños, tiene elementos del sport chic de lujo, otros deportivos y mucha elegancia. Es mi propuesta, pero con total respeto al gusto individual, porque tu decides si la chaqueta la combinas con una playera, con un pantalón, con mezclilla… La prenda destacada de mi colección es el pantalón. Es cómodo, bien terminado; es muy importante aprender a combinar las prendas.

En el mundo de la moda, Brunello Cucinelli se considera como el príncipe de la cachemira, pero, ¿con qué otros tejidos le gusta trabajar?
Con todos los que son ligeros, como la seda, la lana finísima, la cachemira, el lino, el algodón ligero... Se trata de sacar lo mejor de cada uno.

Otro milagro de Brunello es que su gusto local, plantado en el corazón de Italia, se ha hecho universal.
Es muy importante eso que dice. Hoy en día, diez chicos de distintas nacionalidades (un japonés, un italiano, un estadunidense, por decir algunos) pueden disfrutar la misma música e incluso tener la misma forma de vestir. Si los miras a simple vista, te cuesta saber de dónde son. El mundo es grande, pero con la globalización se ha hecho pequeño.

"Hoy, si miras a diez chicos de distintas nacionalidades cuesta saber de dónde es cada uno. El mundo es grande, pero con la globalización se ha hecho pequeño"

A la izquierda, imagen de la localidad de Solomeo, con el taller de la firma Brunello Cucinelli a la derecha de la torre. Al lado, el teatro Cucinelli, construido por Brunello Cucinelli para los habitantes de la localidad, con capacidad para acoger conciertos y obras de teatro.
A la izquierda, imagen de la localidad de Solomeo, con el taller de la firma Brunello Cucinelli a la derecha de la torre. Al lado, el teatro Cucinelli, construido por Brunello Cucinelli para los habitantes de la localidad, con capacidad para acoger conciertos y obras de teatro.
Como amante de la naturaleza, ¿qué le gusta hacer en su tiempo libre?
Pensar. Aquello que los antiguos romanos llamaban el ocio creativo, la contemplación, la reflexión… Me gusta imaginar cosas nuevas. Me apasiona la cultura. No veo televisión y casi no leo periódicos, solo la parte cultural. Me interesa que un texto sea bueno, con información interesante y bien escrito. La noticia cotidiana o el chisme no me interesan. También disfruto escuchando música, me gusta tener tiempo para estar conmigo mismo. Debo cuidar el alma. Como dice San Benedetto, cabeza, alma y trabajo.

¿Cómo es el hombre Cucinelli?
De 25 a 65 años, siempre chic, con una cierta sensibilidad por la estética, sobre todo la propia de Italia, a la hora de vestir. Disfruta de un buen coche, un buen diseño y un buen reloj (señala el Patek Philippe de su muñeca).

¿Están cambiando los hábitos en la moda masculina?
El hombre ahora tiene sensibilidad para elegir la ropa adecuada, ha cambiado su percepción de la moda. Y con la crisis han aparecido otros compromisos con la humanidad, como la solidaridad y la ética. Volvamos a invertir en valores, valores humanos.

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